El sesgo de impunidad y la normalización global de la violencia sexual
Acaba de ser noticia el caso de la “Escuela Alemana de Conducción”; un grupo de Telegram que, bajo un inocente nombre, esconde las conductas más oscuras de un ser humano. En ese chat, presuntamente se intercambiaban consejos para drogar a mujeres, compartían material audiovisual de las violaciones, y se jactaban de sus execrables actos.

Introducción:
Parece como si hubiera un auge de comunidades online que se dedican a promover, glorificar, normalizar la violencia sexual contra mujeres y niños, facilitar la coordinación para perpetrar delitos de violencia machista, y contribuir a la normalización de la violencia sexual. No nos engañemos: una cosa es lo que hay, y otra muy distinta, lo que se ve.
Cuando nos enteramos del caso de Gisèlle Pellicot, nos pareció un escándalo sin precedentes. Nos resultó tan impactante que la población de a pie activó un mecanismo de defensa: La perversión era de tal magnitud, que preferimos pensar que era un “caso puntual”. En ningún momento se nos ocurrió pensar que volveríamos a ver algo similar.
Una cosa es la verdad, y otra muy distinta la realidad.
Hay que tener suficiente fortaleza para sostener a ambas.
Enric Soler
Hoy es noticia el caso de la “Escuela Alemana de Conducción”; un grupo de Telegram que, bajo un inocente nombre, esconde las conductas más oscuras de un ser humano.
La red que operaba en Telegram tenía plena conciencia de lo que estaba haciendo, y por ello utilizaba un lenguaje codificado:
- "Coches" = mujeres.
- "Combustible" = sedantes o drogas para incapacitar a las víctimas.
- "Conducir" = cometer la violación.
- “Cerdos muertos " = mujeres violadas
En ese chat, presuntamente se intercambiaban consejos para drogar a mujeres, compartían material audiovisual de las violaciones, y se jactaban de sus execrables actos.
Noticia sobre la Escuela Alemana de Conducción en un canal de TV americano
Las investigaciones policiales ya han identificado conexiones entre Alemania, Países Bajos y Estados Unidos.
¿Qué implica la existencia de estas comunidades?
Normalización de la violencia sexual
Se nos presenta la violación como algo aceptable, lúdico, divertido e incluso justificable. Esto implica una destrucción de los valores humanos, y la reducción de la mujer a un mero objeto sexual cosificado. Ya podemos hablar de que existe un sesgo cognitivo sobre lo que significa el sentido del consentimiento.
Retroalimentación mutua
En estas comunidades online, los hombres con ideaciones y fantasías parecidas se validan y legitiman mutuamente, convirtiéndose en un lugar donde compartir conocimiento e ideas para “perfeccionar” la planificación del delito.
Difusión de desinformación e incitación al delito
Estas comunidades online se convierten en espacios de exaltación del mito de la violación, la difusión de ideas falsas sobre el sentido del consentimiento (si la víctima no se entera, creen no hace falta que consienta), la alimentación de ideaciones extremas y la culpabilización de la víctima por haberse dejado drogar.
Expansión viral
Internet traspasa todas las fronteras, aunque estas tengan distintas legislaciones, de modo que un grupo creado en un país contagia su psicopatía perversa a cualquier lugar del planeta en tiempo real. De este modo se convierte en una pandemia de propagación instantánea. La globalización de la red hace que sea mucho más compleja la identificación y detención de los criminales.
Dificulta la recuperación de las víctimas:
¿Cómo te sentirías si te enteras de que has sido violada porque la policía viene a tu domicilio a detener a tu pareja, y te muestra el material videográfico en el que apareces siendo violada sin saberlo, y que la puerta de acceso a tu cuerpo ha sido la persona en la que más confiabas?
Revictimización y acoso
Estas comunidades organizan campañas de acoso contra víctimas, periodistas, investigadores o activistas, desincentivando las denuncias y causando daños psicológicos y morales añadidos a la propia perpetración de la violación.
¿Qué factores psicológicos intervienen en la motivación de estas conductas?
Hace décadas que la psicología, la psiquiatría forense y la criminología se hacen esta pregunta.
No se ha identificado un perfil psicológico concreto pero las investigaciones científicas sobre delincuencia sexual organizada, violencia grupal, y comunidades criminales online sugieren que hay varios procesos psicológicos que influyen en que un grupo pueda cometer delitos, que recopile pruebas de los mismos, a pesar el enorme riesgo legal que eso les supone.
Los factores identificados hasta el momento son:
Desindividuación y difusión de la responsabilidad
Actuando en grupo, el individuo siente que su responsabilidad personal disminuye. Se produce una desinhibición grupal auto retroalimentada y de este modo se percibe una dispersión de la responsabilidad, que a su vez reduce el sentimiento de culpa. Dentro del microsistema de la comunidad delictiva, las conductas criminales se pueden llegar a normalizar, olvidando la pertenencia a un sistema de ámbito más amplio: la sociedad y el contexto cultural.
Escalada de la normalización
En estas comunidades se empieza hablando de delitos leves, de modo que cada nueva intervención se construye sobre las intervenciones anteriores, de modo que se produce un crecimiento exponencial. Primero se utiliza un lenguaje misógino y deshumanizante (la base), para pasar a un segundo estadio en el que aparecen las bromas sobre violencia sexual(la fantasía). A continuación, se comparten fantasías que estimulan la imaginación de fantasías cada vez más elaboradas (lluvia de ideas). El siguiente paso es la colaboración mutua en consejos prácticos para convertir esas fantasías perversas en realidades cada vez más crueles. Y finalmente se produce la planificación, la ejecución, la recopilación de evidencias objetivas (material en vídeo) que acrediten la perpetración del delito para ser compartidas en el grupo y así recibir el reconocimiento grupal de la culminación del crimen.
Deshumanización de las víctimas
No hay que ser psicólogo para adivinar que un hombre que necesite este tipo de “reconocimiento” no tiene ninguna autoestima. Claro está, que si no tiene autoestima tampoco va a tener una mínima autoestima para con las víctimas. La falta de autoestima no es ningún trastorno mental, y no incapacita a nadie de modo que pueda evitar asumir su responsabilidad. La prueba más evidente de que hay una plena consciencia de lo que se está haciendo, y de su gravedad, es el lenguaje codificado que ha utilizado esta comunidad de “La Escuela alemana de la conducción”.
Recompensa social:
Dentro del microsistema tóxico el individuo obtiene reconocimiento, prestigio, admiración y sensación de pertenencia.
Búsqueda de poder y control
La motivación real no es el deseo sexual sino ejercer un poder total sobre la mujer, la dominación y la humillación. Desvalorizando, deshumanizando y cosificando es la forma patológica de poder soportar una autoestima inexistente: tratan de conseguir que las mujeres sean menos valiosas de lo que ellos son, cuando en realidad por sus conductas se evidencia su inexistente valor humano.
Desconexión moral
Minimizar el daño, pensar que todos los del grupo piensan o sienten igual y la culpabilización a la víctima de lo que le ha ocurrido son las estrategias emocionales de desconexión moral que utiliza el hombre que participa en este tipo de comunidades para justificar conductas estratosféricamente violentas y dañinas sin experimentar un desafío moral interno.
La cámara de eco
Los sistemas cerrados con fronteras infranqueables, como los son estas comunidades online, se convierten en un espacio propicio para que las opiniones más extremas sean las que reciban más elogios y aprobación del grupo. Se produce una rápida radicalización online de modo que la violencia extrema dota de identidad al grupo.
¿Por qué graban sus delitos si eso les incrimina?
Esta es otra pregunta que cualquier ser humano con dos dedos de frente no puede comprender. Lo hacen porque tienen una distorsión en la valoración del riesgo. Creen que las redes sociales son un escudo que les protege, y si además utilizan un código secreto en las comunicaciones se sienten no solamente a salvo, sino por encima de la Ley y del resto de los mortales.
En realidad, tienen la creencia irracional de que jamás se les podrá identificar. El vídeo es la prueba objetiva de su triunfo ante el resto de los miembros de la comunidad, que utilizarán como alimento a su estatus dentro del grupo. En vez de considerar esos vídeos como una prueba incriminatoria los ven como un seguro que les blinda, ya que los podrán utilizar para extorsionar a las víctimas si éstas se rebelan.
¿Qué es el sesgo de impunidad? ¿Qué factores lo refuerzan?
Es una distorsión cognitiva según la cual, el individuo tiene la creencia irracional de que es improbable que pueda ser descubierto, denunciado, y consecuentemente, castigado por sus actos.
Factores que refuerzan el sesgo de impunidad:
Experiencias previas
Este sesgo está mentalmente reforzado por experiencias previas sin consecuencias. Por lo tanto, debemos inferir que cuando “se pilla” a una de estas comunidades, los integrantes ya han cometido delitos anteriormente de los que han logrado quedar impunes. El anonimato tecnológico
Exceso de confianza
Hay una sobreestimación de la propia capacidad para tener las pruebas del delito bajo control. Seguro que hay muchos que se libran, pero la infalibilidad no existe, y para ejemplo “La Escuela Alemana de Conducción”.
Falsa sensación de protección por pertenencia al grupo
Si cientos de individuos participan en el mismo espacio y no hay noticias de la detención de nadie, se genera una falsa sensación de invisibilidad. No se tiene en cuenta que cualquier actividad digital tiene rastro.
Anonimato digital
La pantalla ejerce una función de falsa percepción de anonimato. Se pueden utilizar identidades falsas, cuando la identidad digital no es un nick sino una dirección IP. La utilización de redes cifradas aumenta la percepción de anonimato, sin considerar que la información nace cruda, luego se cifra, y cuando llega a su destino se vuelve a descifrar, de modo que en los extremos está la clave para identificar la legalidad del contenido.
¿Qué se puede hacer?
La educación basada en el sentido del consentimiento
Partiendo de la base de que es imposible ponerle puertas al campo, lo más efectivo sea ponerle puertas al cuerpo. Esto implica establecer como objetivo principal la educación sustentada en el sentido del consentimiento y la alfabetización digital desde edades tempranas.
Ante un problema global, una solución global
Este tipo de delitos deberían poder ser tratados del mismo modo en todos los países del mundo. Por lo tanto, es imprescindible la cooperación internacional entre gobiernos, empresas tecnológicas y organizaciones especializadas.
Investigación científica
Nos hace falta evidencia científica sobre la dinámica de este tipo de comunidades para comprender cómo evolucionan con el objetivo de poder frenar su crecimiento.
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Enric Soler
Psicólogo especialista en disfunciones relacionales familiares.

