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La Familia Narcisista

La familia narcisista es aquella que funciona con una dinámica relacional que gira alrededor del ego de la persona que sufre rasgos narcisistas. Un funcionamiento familiar extraordinariamente tóxico que impide el desarrollo de los demás miembros.

La Familia Narcisista

¿Qué consideramos una familia narcisista?

La familia narcisista es aquella que funciona con una dinámica relacional que gira alrededor del ego de la persona que sufre rasgos narcisistas, o el trastorno narcisista de personalidad, incluso con clínica psicopática.

Así, se instaura un funcionamiento familiar extraordinariamente tóxico que impide el desarrollo de los demás miembros, llevando inevitablemente a la familia a la autodestrucción.

¿Cómo es un narcisista?

El, o la narcisista, es uno o ambos progenitores que presenta un egocentrismo extremo.

Necesita ser admirado, obedecido o incluso temido por los demás. Para ello utiliza estrategias de control y de poder.

El narcisista tiene una fragilidad interna extrema y, para protegerse de emociones negativas banales, pone en marcha mecanismos de defensa de inmadurez emocional extrema. Se caracteriza por:

  • Nula tolerancia a la crítica: creen que son perfectos y siempre poseen la verdad
  • Violación de límites: no respetan los límites de familiares ni su identidad individual
  • Bloqueo del desarrollo: impiden el crecimiento mental y emocional saludable de los demás

Su discapacidad emocional es tal que necesitan a toda la familia para sostenerse, usando a sus miembros para procesar emociones que son incapaces de asimilar.

Pueden exagerar o negar hechos objetivos según les convenga. Su especialidad es imponer su percepción subjetiva de la realidad, y su peor enemigo es la verdad.

Los hijos que se desarrollan en familias narcisistas aprenden rápido que es peligroso ser auténtico.

Crecer en un contexto tan extraordinariamente disfuncional implica sobrevivir a él. Los hijos de narcisistas no viven, sino que sobreviven.

Los hijos de los narcisistas no viven, sino que sobreviven

Enric Soler

Lo importante: la dinámica familiar

Según el modelo circumplejo de Olson, Sprenkle y Russell (1979), la salud relacional de la familia se mide en cuatro variables clave:

  • Funcionamiento
  • Cohesión familiar
  • Adaptación
  • Comunicación

En la familia narcisista, estos elementos están profundamente dañados:

  • Funcionamiento dictatorial: el narcisista impone su voluntad sin consenso
  • Sin cohesión: la familia está en situación de autodestrucción
  • Sin adaptación: no hay flexibilidad ante cambios
  • Comunicación patológica: manipulación, secretos y distorsión de la realidad

¿Cómo es esta dinámica en las familias narcisistas?

En la familia narcisista hay una estructura piramidal en la que el narcisista ejerce el poder. En las familias funcionales también es necesaria una estructura ordenada jerárquicamente para su buen funcionamiento, que también organiza los roles en un esquema generacional, que obedece a leyes naturales tales como el orden de llegada a la familia. La disfunción de la familia narcisista radica en el hecho de que el rol principal no necesariamente lo ostenta la persona de más edad. El narcisista ejerce el poder, sin que el resto le haya otorgado la autoridad, colocándose en la cima de la estructura haciendo un "golpe de Estado" familiar, estableciéndose la tormenta perfecta para el desarrollo de los abusos intrafamiliares de todo tipo.

Así, el narcisista usa el poder a su antojo y sin límite. Perpetra un abuso de poder. Su empatía cero le impide conocer donde están los límites, y se da el clima perfecto para ese abuso de poder, así como el abuso económico, el psicológico, el físico, e incluso el abuso sexual dentro de la familia. Están obsesionados por el control de su entorno para compensar el descontrol emocional interno. Por ello es frecuente que el narcisista, especialmente en el caso de la mujer, se sienta cómoda dentro de una relación de tipo alcohólico.

Ella: "Le quiero tanto, que tengo controlado cuándo y dónde bebe. Él: Yo la quiero tanto, que bebo para satisfacer la necesidad que ella tiene de controlarme, y me evado de esa presión mediante el abuso de alcohol."

Pero… ¿Cómo consigue el narcisista que toda la familia "baile al son de su música"?

Control y manipulación emocional

El narcisista "usa" a los demás a su antojo. Presenta tanta incapacidad de procesar sus propias emociones, como destreza para manipular las ajenas.

Genera emociones destructivas con frases como:

  • Culpa: "Después de lo que me he sacrificado por ti"
  • Miedo: "Del tortazo que te voy a dar, acabaremos en el hospital"
  • Vergüenza: "Abuela, hueles a orines, da vergüenza ir a tu lado"
  • Victimización: "Soy profundamente infeliz con tu padre, pero no me divorcio por ti"

La perversión de esta conducta provoca secuelas gravísimas como el trastorno por estrés postraumático complejo.

El amor es condicional

En vez de amar a otro por quien es, le aman por el grado de dependencia que tiene respecto al narcisista. Te va a hacer sentir amado, aunque en realidad es manipulación disfrazada de amor, cuando haces lo que el narcisista ordena. Te va a castigar implacablemente cuando perciba el mínimo atisbo de que eres autónomo y tienes identidad propia. A menudo cuantifican el amor con regalos o dinero.

Pueden incluso estafar a aquellos familiares que tienen más subyugados, y luego lo negarán, por muy evidentes que sean las pruebas. Necesitan acumular dinero para sentirse seguros, porque depositan la valoración de su autoestima en objetos externos y cuantificables, como el dinero y las propiedades. Por esta razón necesitan ser el miembro de la familia que más posesiones tenga, porque solo saben valorarse por lo que tienen, y no por lo que son.

Ni siquiera pueden valorarse por el esfuerzo personal de haber conseguido lo que han obtenido, si es que lo han hecho mediante un esfuerzo personal. Alguno lo logra manipulando o usurpando bienes ajenos, sin importarles haberlo conseguido delictivamente.

El caso más frecuente es el maltrato a los más mayores de la familia, manipulando para que cambien el testamento en favor de ellos. ("Metí al abuelo de 99 años en un taxi, y lo llevé a un notario de mi confianza, para que cambiara el testamento, porque el que tenía hecho era una aberración").

En este tipo de escenario, hay un deseo inconsciente de la muerte de un familiar cercano, probablemente un progenitor. Esto está en el extremo opuesto a una mente saludable. Es lo que ocurre en la familia patriarcal o matriarcal autocrática. El patriarcado es el origen de la violencia intrafamiliar.

La familia narcisista es la agonía de los sistemas
que imposibilitan el desarrollo humano.
Es el canto del cisne del patriarcado.

Enric Soler

Comunicación triangulada

Por ejemplo, hablar mal de un hijo al otro, y viceversa. De este modo, los separan, y consiguen tener el poder. ("Me siento orgulloso de tu hermano, y tú siempre me decepcionas"). Practican como nadie el deporte del "divide y vencerás", aunque eso implique separar y enfrentar a sus propios hijos. El narcisista proyecta la culpa de este fracaso en sus hijos, y no se plantea qué ha podido hacer él (o ella) para que las cosas no sean como ellos creen que son. ("Sois unos desagradecidos. Con lo que he hecho por vosotros, que nunca os ha faltado de nada, me lo devolvéis sin darme el gusto de poder veros unidos. Todos estáis enfadados con todos").

El narcisista cree saber lo que sienten los demás, y eso pasa por encima del sentimiento real de cada uno. Lo peor es que nunca aciertan porque su empatía es inexistente.

En el ejemplo descrito (un caso real), decide que sus hijos están enfadados entre ellos, y simplemente están distanciados porque la relación fraternal ha sido bombardeada durante décadas por el progenitor narcisista.

La triangulación pretende la resolución de un conflicto implicando a una tercera persona, con la intención de convertirla en un aliado secreto, utilizada para desviar la atención del conflicto principal. Esto traslada una tensión altamente desestabilizadora al mensajero elegido, creándole un gran impacto psicológico, deficiencias en el desarrollo, y sintomatología física y emocional.

Violación de la privacidad personal de los familiares

No respetan la privacidad, de modo que exigen ser atendidos cuando, como y donde ellos quieran. Traspasan las fronteras de la intimidad de los demás y lo justifican como un acto de generosidad ("Aprovechando que he ido a casa de mi hijo para plancharle la ropa, he cambiado de sitio los muebles de su casa, y ahora está mucho mejor"). Esta invasión de la intimidad familiar evidencia un problema de límites personales inadecuados, que conlleva dinámicas disfuncionales y consecuencias psicológicas graves para los miembros de la familia.

El narcisista no reconoce los límites de los demás. Entra en las habitaciones sin llamar, lee diarios personales, escucha conversaciones privadas, y revisa el móvil de sus hijos. Cualquier espacio personal es considerado propiedad del narcisista. Este comportamiento genera en los hijos una profunda sensación de invasión y desprotección que les acompañará durante toda su vida adulta.

Roles en la familia narcisista

En una familia narcisista todos ponen de su parte. Son necesarios distintos roles imprescindibles para que se desarrolle la dinámica narcisista.

La psicología ha identificado cuatro roles presentes en la mayoría de las familias narcisistas, normalmente repartidos entre los hijos. Un hijo puede ostentar más de un rol, o alternarlos en el tiempo.

Son los siguientes:

En la familia narcisista, cada miembro ocupa un rol asignado por el narcisista para satisfacer sus necesidades emocionales. Estos roles no son elegidos libremente, sino impuestos a través de años de condicionamiento psicológico.

El hijo dorado

El hijo dorado en la familia narcisista

El hijo dorado es la extensión narcisista del progenitor. Es el hijo que puede hacer todo bien, que recibe todos los privilegios y que es utilizado para proyectar en él la imagen idealizada que el narcisista tiene de sí mismo. El hijo dorado no es amado por quien es, sino por lo que representa para el narcisista.

Es el hijo designado a ser el presidente del club de fans del narcisista. Solo va a ser reconocido si defiende sin fisuras la grandilocuencia del narcisista. No puede fallar en eso. Es su único cometido, así que debe cumplir su función a la perfección.

Eso le genera una sobrecarga emocional en la infancia y adolescencia, y en la adultez tiene todos los números para convertirse en una persona arrogante, heredero generacional del narcisista, repitiendo el patrón, a la vez que condenado a sufrir ansiedad extrema. De hecho, es el heredero de la parte grandiosa del progenitor narcisista proyectada en él o ella (autoexigencia, perfeccionismo, brillo, superioridad y éxito).

Aparentemente es el hijo más favorecido, pero en realidad carga con una presión insoportable: debe ser perfecto, debe ganar, debe demostrar constantemente que merece ese estatus privilegiado. Cualquier fracaso es vivido como una traición al narcisista. El hijo dorado suele desarrollar también rasgos narcisistas o una dependencia emocional extrema del progenitor narcisista.

El chivo expiatorio

El chivo expiatorio en la familia narcisista

Es el que se lleva la peor parte, aunque es el que tiene más posibilidades de sanar.

La mejor estrategia para ejercer el control familiar mediante el totalitarismo grupal es designar un enemigo externo y otro interno. El narcisista se encarga de dibujar un mundo externo peligroso y despreciable y de elegir a un enemigo interno para que sea el que reciba la frustración de todos los demás miembros de la familia.

En lenguaje de la psicología relacional sistémica, al elegido se le denomina chivo expiatorio o paciente designado. En lenguaje coloquial, es la oveja negra de la familia.

Suele ser el primogénito, y a menudo ha sido un hijo/a parentalizado/a, es decir, que desde muy pequeño se le han atribuido funciones de adulto, normalmente relacionadas con la responsabilidad de hacerse cargo del cuidado de hermanos menores. El chivo expiatorio solamente recibirá una gratificación positiva si satisface el disparatado egocentrismo del narcisista. No se le permite equivocarse, y paga por culpas que no le corresponden. Es la diana perfecta para las proyecciones de malestar emocional del narcisista. Dicho de otra forma, es el cubo de basura emocional del narcisista.

El chivo expiatorio hereda la parte vergonzosa del progenitor narcisista, es decir, la culpa, la mediocridad, la rebeldía, y considerar que sentir emociones es una debilidad. Siempre es el miembro emocionalmente más fuerte, y el que tiene más capacidades y competencias para, en un futuro, después de un gran esfuerzo psicoterapéutico, exiliarse de la dinámica narcisista familiar. Por ello se le castiga. Es como ponerle un freno de mano para que permanezca ahí, bien controlado, asumiendo su función de cubo de basura emocional de todos. En realidad, es el miembro de la familia más fuerte y sano, que amenaza, con la autoridad que le confiere su comportamiento, el liderazgo del narcisista. Su elección como chivo expiatorio tiene la intención de restarle energía al potencial hijo disidente, que puede hacer peligrar el control del progenitor narcisista.

El posicionamiento de la familia en relación con el chivo expiatorio es ambivalente. Por un lado, desean que "se recupere" de su sintomatología derivada de la sobrecarga emocional, pero al mismo tiempo lo necesitan "enfermo" para que siga ejerciendo su función de cubo de basura emocional de todos. Dado que el chivo expiatorio no puede evitar presentar sintomatología psicopatológica, es habitual que acuda a terapia. Si se recupera, o se libera de la familia, la agresividad familiar se puede llegar a desplazar hasta el propio terapeuta, que se convierte en un nuevo chivo expiatorio.

En un caso real, después de décadas de terapia, una chiva expiatoria llegó a licenciarse en psicología. Su madre le dijo: "Todos los psicólogos sois unos estafadores". Ella respondió: "Pero, mamá, si tu has estado trabajando veinte años en uno de los mejores centros de psicología de ciudad". Y ella sentenció: "Precisamente por eso lo digo. Lo sé de buena tinta". El contexto de la conversación fue en la terraza de un restaurante de la pequeña población donde residía la hija, de modo que se sintió descalificada en público, quedando atada a un escenario secuestrado por parte de la madre narcisista, sin ninguna otra opción que tragar el acto de violencia que acababa de sufrir.

Un chivo expiatorio me confesó: "Es tanto el dolor y sufrimiento que me han generado mis padres, que pienso frecuentemente en suicidarme. Merecen enterrar a un hijo". Tuve que recordarle que la ausencia de empatía del narcisista jamás conseguiría su objetivo. Si te suicidas, será un material emocional precioso para que ellos se victimicen, y confirmarás que tú eras el problema porque estabas loco. Decidió vivir, y protegerse del abuso narcisista. Se liberó, sin odio, sin rencor, pero con memoria.

Se ubicó en el camino de la búsqueda de su paz emocional, pero sus familiares jamás pudieron comprender que se liberara de cualquier emoción negativa hacia ellos. De hecho, su tarea terapéutica consistió en perdonarse a sí mismo haber permitido tantos abusos, durante tantos años, comprendiendo que los abusadores abusan de todo el mundo, y que no era su responsabilidad, ni un objetivo alcanzable, cambiarlos para que dejaran de abusar.

"Creen que estoy enfadado con todos, y no estoy enfadado con nadie. Siento una cierta pena de que no logren salir de ese mini psiquiátrico en el que están metidos, al margen de toda la sociedad, pero su curación no es mi responsabilidad. Viven en una realidad paralela, y ahora que estoy fuera de ella, me doy cuenta de que no lograron engañar a nadie de su entorno. Se engañaron a sí mismos".

El chivo expiatorio es el hijo que recibe toda la proyección negativa del narcisista. Es el culpable de todo lo que va mal en la familia. Mientras el hijo dorado no puede hacer nada mal, el chivo expiatorio no puede hacer nada bien. Es el depositario de la sombra del narcisista: todas las emociones que el narcisista no puede tolerar en sí mismo las proyecta sobre este hijo.

Paradójicamente, el chivo expiatorio suele ser el hijo más sano psicológicamente a largo plazo, porque al no recibir el amor condicionado del narcisista, desarrolla antes su autonomía. Sin embargo, suele arrastrar profundas heridas de rechazo y una autoestima muy dañada.

El cuidador emocional

Hace las funciones de ser el "terapeuta" del narcisista. Este rol es compatible con el del hijo dorado. Aprende muy rápido a identificar las emociones ajenas para anticiparse a los brotes explosivos. Pronto aprende a andar sobre cáscaras de huevo o, mejor dicho, a moverse en un terreno plagado de minas.

Cuando se hace adulto acostumbra a ser extremadamente empático, y acaba inmerso en relaciones de pareja tóxicas, en las que prioriza el bienestar emocional del otro en perjuicio del propio. En su proceso de maduración puede convertirse en chivo expiatorio porque ese crecimiento personal implica una amenaza de abandonar su rol de obediencia ciega al poder abusivo.

Si logra liberarse del rol de chivo expiatorio puede dejar de sobrevivir, para empezar a vivir, al cabo de décadas de trabajo personal. Puede ser un candidato para llegar a ser un profesional de la salud mental eficaz, si consigue escapar de la dinámica familiar perversa.

Este hijo aprende desde muy pequeño que su función es regular las emociones del progenitor narcisista. Se convierte en el confidente, el mediador, el que calma las tormentas emocionales. Desarrolla una hipersensibilidad a las emociones ajenas y una capacidad empática extraordinaria, pero a costa de desconectarse de sus propias necesidades.

De adulto, el cuidador emocional suele establecer relaciones de codependencia, eligiendo sistemáticamente parejas o amigos que necesitan ser "salvados". Su mayor miedo es el abandono, y su mayor trampa es confundir el amor con el cuidado compulsivo. El precio emocional es altísimo.

El hijo invisible

El hijo invisible en la familia narcisista

Se reprime emocionalmente para no verse inmerso en conflictos, y a la larga desarrolla un desapego emocional extremo, de modo que le resultará difícil comprometerse en una relación de pareja cuando sea adulto. Aprende rápido que en la familia los favores se pagan caros, y desarrollará una independencia radical que le generará una sensación de soledad y frustración. "A los 14 años, ya no permití que mi madre me lavara la ropa; pocos meses después de cumplir los 18, me fui al extranjero a hacer de au pair, dejando los estudios universitarios a medias".

Permanece al margen, busca la distancia emocional y física, y va cargando a sus espaldas un sentimiento de injusticia acumulado durante décadas. Vive la dinámica familiar en silencio, pero la acepta. Percibe la injusticia, y la tolera. Se convierte en cómplice del abuso parental narcisista por omisión, intentando nadar y guardar la ropa.

Será una persona fría, calculadora, competitiva y vengativa, pudiendo esperar toda la vida a rendir cuentas con el narcisista, cuando este ya sea lo suficientemente frágil por edad. La persona que desempeña este rol es la que tiene más dificultades para sanar. Es más, es la que muy probablemente repetirá el mismo patrón amplificado, con el riesgo de convertirse en un narcisista psicópata.

Será una persona temerosa y necesitará dotarse de elementos protectores externos y cuantificables, como el dinero o las posesiones materiales, pero no confiará en nadie. Aceptará el legado familiar, e intentará encontrar el equilibrio interno haciendo a los demás lo que le han hecho a él. Buscará parejas a las que pueda dominar fácilmente y ejercerá el abuso de poder sobre ellas, y sus descendientes, a los que considerará prolongaciones de su propio ser. El hijo invisible es el que transmite el patrón generacionalmente.

Respecto a sus progenitores, primero se alejó para protegerse, y luego volverá para servir el plato que siempre se sirve frío: la venganza. Pero en el fondo, será quien tendrá una lealtad invisible inquebrantable hacia el legado de la dinámica familiar narcisista.

El hijo invisible aprende que la mejor estrategia de supervivencia es no existir. No causa problemas, no pide, no llora, no protesta. Se vuelve transparente para evitar ser el blanco de la ira o la manipulación del narcisista. Su necesidad de amor nunca fue respondida, así que aprendió a no necesitar.

De adulto, el hijo invisible suele tener grandes dificultades para identificar y expresar sus propias necesidades, para ocupar espacio en las relaciones, y para creer que merece ser visto y amado.

Secuelas de haber nacido y desarrollado en una familia narcisista

En general, de forma transversal a la mayoría de los hijos que se han desarrollado en una familia narcisista, en la edad adulta son personas con una autoestima muy baja, difícilmente recuperable. No es por inseguridad sino porque son personas que integraron en su software mental una línea de programación que les dice que no valen nada ("Eres una desgracia humana, me repetía mi madre").

Es por ello por lo que confunden el amor con el sacrificio, y tienen tendencia a establecer relaciones de codependencia. Es muy posible que, o bien elijan parejas narcisistas, o bien sean parejas absolutamente sumisas, porque lo que en realidad es tóxico, para ellos es algo normal. Tienen una gran dificultad en poner límites de forma empática, y no saben decir que no, porque relacionan los límites con la culpa y el temor a no ser aceptados. Siempre están en situación de alerta ante la posibilidad de recibir rechazo o críticas.

Por ello son excesivamente autocríticos, cuestionándose permanentemente, antes de dar tiempo a que les cuestionen los demás. Son indecisos, desconfían de sus propias decisiones, les da pánico pedir ayuda, se sienten responsables del bienestar de todos, y les afecta mucho que alguien se enfade con ellos. Necesitan ser aceptados, como el aire que respiran, pero no lo conseguirán hasta que no se liberen de la dinámica narcisista, porque en realidad, son ellos mismos quienes no se aceptan.

El gaslighting permanente, el amor intermitente, la confusión identitaria y la humillación emocional les provocan un trauma relacional complejo, apego desorganizado, y disociación, que puede requerir décadas de psicoterapia, y unas secuelas psicológicas imborrables.

Crecer en una familia narcisista deja huellas profundas que se manifiestan en la edad adulta de múltiples formas:

  • Trastorno de estrés postraumático complejo (TEPT-C): resultado de años de trauma crónico y relacional.
  • Baja autoestima estructural: la sensación de no ser suficientemente bueno, de no merecer amor incondicional.
  • Dificultades en las relaciones: tendencia a reproducir dinámicas familiares disfuncionales en las relaciones adultas.
  • Alexitimia: dificultad para identificar y expresar las propias emociones.
  • Hipervigilancia: estado de alerta constante ante posibles amenazas relacionales.
  • Dificultades con los límites: tanto para ponerlos como para respetarlos.
  • Vergüenza tóxica: una sensación generalizada de ser fundamentalmente defectuoso o indigno.

La caja de herramientas del narcisista

El narcisista dispone de un arsenal de estrategias de manipulación y control que utiliza de forma sistemática para mantener su posición de poder dentro de la familia.

Gaslighting

El gaslighting consiste en hacer que la víctima dude de su propia percepción de la realidad. ("Eso nunca ocurrió", "Estás exagerando", "Tienes una imaginación desbordada"). Es una de las formas de maltrato psicológico más dañinas porque ataca directamente la capacidad de la víctima para confiar en sí misma.

El narcisista niega hechos objetivos, contrastables y fehacientes, y se queda tan ancho. No solamente niegan la evidencia, sino que se atreven a negar y despreciar la percepción personal de los demás. No hay el más mínimo respeto. Si no hay respeto, no puede haber amor. Ni siquiera se aman a sí mismos porque también son incapaces de respetarse.

Su forma de ver el mundo, distorsionada por la grandilocuencia narcisista, y por la "anorexia emocional" que les caracteriza, se debe imponer a toda la familia. Lo que el narcisista piensa, es la verdad absoluta. Y con tales distorsiones, lo que piensa, es cualquier cosa excepto la verdad. Por ello, el peor enemigo del narcisista es, precisamente, la verdad objetiva.

Todo aquél que no esté de acuerdo con su percepción retorcida de la realidad será acusado de loco por el narcisista. Si se le señala cuánto dolor provoca, tilda a los demás de ser "demasiado sensibles".

Fragmentación del vínculo paternofilial

El narcisista trabaja activamente para romper los vínculos entre los hermanos y entre los hijos y el otro progenitor. Necesita ser el centro de todas las relaciones familiares, el mediador indispensable, el árbitro de todos los conflictos. Divide para reinar.

Proporcionan a sus hijos un sucedáneo de amor en dosis mínimas. Cuanto menor sea la dosis, y más espaciadas las entregas de eso que pretenden vender como amor, más controlados y dependientes tienen a los hijos.

("El único recuerdo reconfortante que tengo de mi madre, es con su mano sosteniéndome la frente mientras vomitaba el hígado a la plancha de la cena, que me daba mucho asco. Eran las únicas ocasiones en que me sentía sostenida, y después del vómito me sentía relajada. Pero al mismo tiempo me decía que al día siguiente me obligaría a comer el vómito. Por suerte, nunca lo llevó a la práctica, pero el daño emocional ya estaba hecho.").

Retiro afectivo estratégico

Retiro afectivo estratégico en la familia narcisista
El retiro afectivo estratégico es una poderosa arma de control.

infringen maltrato silencioso para modelar la conducta de sus hijos según les convenga. La retirada emocional se materializa evitando poner palabras a las emociones, de forma que los familiares no tienen más remedio que procesar el dolor en silencio porque no hay conexiones emocionales reales. Esto dificulta el crecimiento personal y el desarrollo de las habilidades sociales, impidiendo que se puedan establecer relaciones interpersonales saludables.

La autorrepresión es uno de los mecanismos de defensa naturales de los seres humanos y tiene la función de mantener fuera de lo consciente aquello que resulta demasiado doloroso. El problema reside cuando ese mecanismo de defensa se ve influido por el progenitor narcisista de una forma estratégicamente calculada.

El silencio y el retirar el afecto son armas de control poderosas. El narcisista sabe perfectamente que sus hijos necesitan su aprobación, y la utiliza como moneda de cambio. ("Si no haces lo que te digo, me voy a enfadar mucho contigo"). El miedo al abandono afectivo es uno de los mayores mecanismos de control.

Triangulación estructural

Hablan mal de un hijo a otro hijo, con el objetivo de separarlos. "Tu hermano sí que me quiere, no como tú". Es su mejor herramienta de poder. Cualquier padre o madre mentalmente sanos, quisieran morir viendo a sus hijos juntos y bien avenidos.

En las familias narcisistas, cuando el narcisista se acerca al final de su vida, culpabiliza a los hijos del distanciamiento que hay entre ellos, sin asumir la responsabilidad de que esa fractura fraternal es el resultado de lo que han sembrado durante toda su vida.

Respecto a los miembros más ancianos de la familia, hablan de ellos como objetos inútiles que solo generan problemas. Les cuidan en el ámbito instrumental (comida y atención médica) y los abandonan en el ámbito emocional. Cuidan a sus ancianos no por amor verdadero, sino para poder presumir en el exterior de la familia de cuánto se sacrifican en la provisión de cuidados.

Una vez fallecidos, quedan dentro de los gruesos muros de la familia conductas psicopáticas respecto a su memoria, como por ejemplo, algo tan inmoral como la falta de respeto a las últimas voluntades de un difunto. ("El abuelo deseaba ser incinerado, pero no lo hicimos porque, aunque nos lo podemos permitir, sale mucho más caro"; "La abuela manifestó varias veces y a varias personas que su segunda residencia de la playa fuera para su nieta, y a la vez ahijada, pero papá dice que una vez muerta, ese piso es suyo, y que la abuela no es nadie para decidir sobre su patrimonio").

El narcisista utiliza a terceros —otros hijos, el otro progenitor, familiares externos— para comunicar mensajes, ejercer presión o crear celos y rivalidades. Nunca afronta los conflictos de forma directa y honesta, sino que siempre involucra a otros como intermediarios o testigos de su "razón".

Secuestro de logros

Secuestro de logros en la familia narcisista
El secuestro de logros es lo opuesto al refuerzo positivo.

Los padres narcisistas dan un valor extremo a sus acciones, y también a los hijos de otras familias, y en cambio ningunean y desprecian el más mínimo logro de sus propios hijos.

Una hija me dijo que, de pequeños, entre hermanos, compartían una frase de auto-reparación, que rezaba, literalmente: "Según mis padres, todo lo de fuera es oro, y lo de dentro es mierda".

Conscientes que los hijos tienen más tiempo para triunfar, los progenitores narcisistas se esforzarán en impedirles un crecimiento personal propio que los lleve a la autonomía personal y la emancipación. Necesitan hijos emocional e instrumentalmente dependientes, para que éstos nunca les superen. No es infrecuente que un progenitor narcisista tenga una envidia manifiesta sobre los logros de sus propios hijos, a la vez que presume de esos mismos logros frente a personas del exterior de la familia.

El narcisista, como hijo, también se avergonzará de sus padres:

("Siempre me he avergonzado de mi apellido, pero llamarse 'Putellas' (refiriéndose a la famosa futbolista) ya es el colmo. No entiendo como esta chica no se ha cambiado el apellido.")

Los éxitos de los hijos son apropiados por el narcisista como propios. ("Ha aprobado con matrícula de honor gracias a mí, que le obligué a estudiar"). Y los fracasos, naturalmente, son culpa exclusiva del hijo. Esta dinámica impide que los hijos desarrollen un sentido sano de la autoeficacia y el orgullo personal.

Concreando: ¿Cuál es la función de los hijos de las familias narcisistas?

Desde una perspectiva sistémica, cada hijo en la familia narcisista cumple una función específica que sirve para mantener el equilibrio disfuncional del sistema familiar, satisfaciendo las necesidades emocionales del narcisista.

Función del hijo dorado

Es el más útil para mantener la fantasía perfecta y grandiosa del narcisista. Es el más manipulable para que adule, adore, idolatre, imite y valide al narcisista. El narcisista lo identifica positivamente pero no se libra del precio de no poder ser un individuo independiente. Siempre va a depender del progenitor narcisista, porque su función es primordial.

Su función es ser el espejo idealizado del narcisista. Le devuelve la imagen de grandiosidad y perfección que el narcisista necesita para sostener su frágil autoestima. También funciona como herramienta de control sobre los demás hijos: "¿Por qué no eres como tu hermano?".

El hijo dorado es el elegido para cargar con la ilusión de que existe una familia perfecta. Es quien debe brillar, lograr, destacar, siempre reflejando el éxito y la gloria de su progenitor narcisista. Cada logro del hijo es un logro del padre o madre narcisista. Cada fracaso del hijo es una afrenta personal al narcisista. El vínculo es tan estrecho que el hijo no puede diferenciarse del progenitor. Sus límites personales están completamente borrados. Es una extensión del narcisista, no una persona con identidad propia. El hijo dorado es designado a ser el presidente del club de fans del narcisista. Solo va a ser reconocido si defiende sin fisuras la grandilocuencia del narcisista. No puede fallar en eso. Es su único cometido, así que debe cumplir su función a la perfección. Eso le genera una sobrecarga emocional en la infancia y adolescencia, y en la adultez tiene todos los números para convertirse en una persona arrogante, heredero generacional del narcisista, repitiendo el patrón, a la vez que condenado a sufrir ansiedad extrema. De hecho, es el heredero de la parte grandiosa del progenitor narcisista proyectada en él o ella (autoexigencia, perfeccionismo, brillo, superioridad y éxito). Si consigue salir de ese rol, será severamente castigado y obligado a desempeñar el rol de chivo expiatorio, imprescindible en cualquier familia narcisista.

Función del chivo expiatorio

Su función es ser el depositario de todo lo negativo que el narcisista no puede tolerar en sí mismo. Al proyectarlo en este hijo, el narcisista se libera de su propia sombra. También cumple la función de mantener unida a la familia en torno a un "problema común": el hijo problemático. Mientras el chivo expiatorio sea el "enfermo", la familia no necesita mirar hacia adentro ni reconocer sus propias disfunciones.

Al ser el emocionalmente más fuerte, el sistema familiar lo invoca para que ejerza la función de procesar lo que el progenitor narcisista no soporta de sí mismo. Así, el chivo expiatorio, convertido en cubo de basura emocional, recibe proyecciones de culpa, vergüenza, rabia, vulnerabilidad, insuficiencia. Es el "recipiente de desechos emocionales" de toda la familia. El chivo expiatorio hereda la parte vergonzosa del progenitor narcisista, es decir, la culpa, la mediocridad, la rebeldía, y considerar que sentir emociones es una debilidad. Siempre es el miembro emocionalmente más fuerte, y el que tiene más capacidades y competencias para, en un futuro, después de un gran esfuerzo psicoterapéutico, exiliarse de la dinámica narcisista familiar. Por ello se le castiga. Es como ponerle un freno de mano para que permanezca ahí, bien controlado, asumiendo su función de cubo de basura emocional de todos. En realidad, es el miembro de la familia más fuerte y sano, que amenaza, con la autoridad que le confiere su comportamiento, el liderazgo del narcisista. Su elección como chivo expiatorio tiene la intención de restarle energía al potencial hijo disidente, que puede hacer peligrar el control del progenitor narcisista. El chivo expiatorio es el hijo que recibe toda la proyección negativa del narcisista. Es el culpable de todo lo que va mal en la familia. Mientras el hijo dorado no puede hacer nada mal, el chivo expiatorio no puede hacer nada bien. Es el depositario de la sombra del narcisista: todas las emociones que el narcisista no puede tolerar en sí mismo las proyecta sobre este hijo.

El chivo expiatorio es el hijo que recibe toda la proyección negativa del narcisista. Es el culpable de todo lo que va mal en la familia. Mientras el hijo dorado no puede hacer nada mal, el chivo expiatorio no puede hacer nada bien. Es el depositario de la sombra del narcisista: todas las emociones que el narcisista no puede tolerar en sí mismo las proyecta sobre este hijo. Por supuesto, esta situación es devastadora para el chivo expiatorio. Recibe castigos, críticas, rechazo, exclusión social de parte de sus padres. Su autoestima se ve profundamente dañada porque internaliza el mensaje: "Tú eres el problema. Tú eres lo que está mal". Sin embargo, el chivo expiatorio también desarrolla una fortaleza extraordinaria: la capacidad de cuestionarse, de ver con claridad lo que está sucediendo en la familia, porque no tiene el consuelo de la negación que sí tienen el hijo dorado y el hijo invisible.

Función del hijo invisible

Es el encargado de reducir la demanda emocional en un sistema colapsado, ejerciendo un rol estratégico de supervivencia. Minimizando su presencia, se "borra del mapa", porque ha aprendido que pasando desapercibido está más seguro, y la familia sale ganando porque en momentos críticos, es un bidón de gasolina menos, al lado de la mecha incendiada del progenitor narcisista.

Su función es no ser una carga emocional para el narcisista. Al invisibilizarse, el hijo invisible libera al narcisista de la responsabilidad de cuidarle y atenderle. Paradójicamente, su invisibilidad también puede funcionar como una forma de protección frente a los abusos más directos. No está en el radar del narcisista, por lo que no es objeto de su proyección ni de su control obsesivo. Permanece al margen, busca la distancia emocional y física, y va cargando a sus espaldas un sentimiento de injusticia acumulado durante décadas. Vive la dinámica familiar en silencio, pero la acepta. Percibe la injusticia, y la tolera. Se convierte en cómplice del abuso parental narcisista por omisión, intentando nadar y guardar la ropa. Será una persona fría, calculadora, competitiva y vengativa, pudiendo esperar toda la vida a rendir cuentas con el narcisista, cuando este ya sea lo suficientemente frágil por edad. La persona que desempeña este rol es la que tiene más dificultades para sanar. Es más, es la que muy probablemente repetirá el mismo patrón amplificado, con el riesgo de convertirse en un narcisista psicópata. Será una persona temerosa y necesitará dotarse de elementos protectores externos y cuantificables, como el dinero o las posesiones materiales, pero no confiará en nadie. Aceptará el legado familiar, e intentará encontrar el equilibrio interno haciendo a los demás lo que le han hecho a él. Buscará parejas a las que pueda dominar fácilmente y ejercerá el abuso de poder sobre ellas, y sus descendientes, a los que considerará prolongaciones de su propio ser. El hijo invisible es el que transmite el patrón generacionalmente. Respecto a sus progenitores, primero se alejó para protegerse, y luego volverá para servir el plato que siempre se sirve frío: la venganza. Pero en el fondo, será quien tendrá una lealtad invisible inquebrantable hacia el legado de la dinámica familiar narcisista.

El hijo invisible aprende que la mejor estrategia de supervivencia es no existir. No causa problemas, no pide, no llora, no protesta. Se vuelve transparente para evitar ser el blanco de la ira o la manipulación del narcisista. Su necesidad de amor nunca fue respondida, así que aprendió a no necesitar. Se desarrolla en silencio, a menudo con talentos y capacidades extraordinarias que nadie reconoce porque simplemente no es visto. En la adultez, el hijo invisible frecuentemente es aquella persona que parece tenerlo todo bajo control, que nunca pide ayuda, que está siempre disponible para los demás pero nunca permite que otros estén disponibles para él o ella. Es la persona que se desvanece en las reuniones familiares, la que puede estar en una fiesta sin que nadie se dé cuenta de que estuvo allí. Esta aparente fortaleza esconde un profundo vacío emocional y una desconexión de sus propias necesidades que resulta muy dolorosa en la vida adulta. De adulto, el hijo invisible suele tener grandes dificultades para identificar y expresar sus propias necesidades, para ocupar espacio en las relaciones, y para creer que merece ser visto y amado.

Función del cuidador emocional

Es el encargado de velar por la frágil estabilidad emocional del narcisista. Desde una tierna edad el niño aprende a calmar al adulto narcisista, absorber sus ansiedades y a anticiparse para prevenir explosiones.

Su función es regular la vida emocional del narcisista. Es el terapeuta no pagado de la familia, el que absorbe el malestar del narcisista y le ayuda a funcionar. Sin este hijo, el narcisista tendría que enfrentarse a sus propias emociones, algo que le resulta insoportable. El cuidador emocional es el salvavidas del narcisista, sin él se hundiría. Vive en un estado de ansiedad permanente porque está constantemente vigilante, leyendo el estado emocional del progenitor narcisista, anticipándose a sus reacciones. Es un trabajo agotador que dura toda la vida si no se rompe la dinámica. En la vida adulta, este hijo frecuentemente se siente responsable del bienestar de todos, especialmente de sus padres, reproduciendo la dinámica aprendida en nuevas relaciones amorosas y de amistad.

Hace las funciones de ser el "terapeuta" del narcisista. Este rol es compatible con el del hijo dorado. Aprende muy rápido a identificar las emociones ajenas para anticiparse a los brotes explosivos. Pronto aprende a andar sobre cáscaras de huevo o, mejor dicho, a moverse en un terreno plagado de minas. Cuando se hace adulto acostumbra a ser extremadamente empático, y acaba inmerso en relaciones de pareja tóxicas, en las que prioriza el bienestar emocional del otro en perjuicio del propio. En su proceso de maduración puede convertirse en chivo expiatorio porque ese crecimiento personal implica una amenaza de abandonar su rol de obediencia ciega al poder abusivo. Si logra liberarse del rol de chivo expiatorio puede dejar de sobrevivir, para empezar a vivir, al cabo de décadas de trabajo personal. Puede ser un candidato para llegar a ser un profesional de la salud mental eficaz, si consigue escapar de la dinámica familiar perversa.

Este hijo aprende desde muy pequeño que su función es regular las emociones del progenitor narcisista. Se convierte en el confidente, el mediador, el que calma las tormentas emocionales. Desarrolla una hipersensibilidad a las emociones ajenas y una capacidad empática extraordinaria, pero a costa de desconectarse de sus propias necesidades. A menudo, este hijo termina ejerciendo profesiones de cuidado: enfermería, psicología, trabajo social, magisterio. De adulto, el cuidador emocional suele establecer relaciones de codependencia, eligiendo sistemáticamente parejas o amigos que necesitan ser "salvados". Su mayor miedo es el abandono, y su mayor trampa es confundir el amor con el cuidado compulsivo. El precio emocional es altísimo. El cuidador emocional vive en un estado de ansiedad permanente porque está constantemente vigilante, leyendo el estado emocional del progenitor narcisista, anticipándose a sus reacciones. Es un trabajo agotador que dura toda la vida si no se rompe la dinámica. En la vida adulta, este hijo frecuentemente se siente responsable del bienestar de todos, especialmente de sus padres, reproduciendo la dinámica aprendida en nuevas relaciones amorosas y de amistad.

Versatilidad de la adjudicación de roles

Cabe decir que los roles no son fijos, sino que se pueden ir intercambiando en función del desgaste de quien desempeña cada función, o de la sanación de uno de los miembros de la familia, que deja roles vacantes. Los roles no reflejan quién es el niño, sino que es lo que la familia necesitó que fuera. Los roles son adaptaciones de supervivencia a un contexto emocionalmente muy peligroso.

Al principio, los primogénitos suelen ser los hijos dorados y/o cuidadores emocionales. ("Deja los deberes, y siéntate a mi lado, que quiero contarte lo infeliz que soy en mi matrimonio mientras hago la cena. ¡Ah!, y si no me divorcio, que sepas es por ti, ¿eh? Por tu bien.") Ante exigencias tan inapropiadas para la edad del niño, llegará un momento en que se le percibirá "demasiado sensible", reflejando vulnerabilidad, y será invocado a ser chivo expiatorio.

Si ha habido un aborto o un hijo fallecido, tenemos el hijo dorado ideal. Siempre podrá ser utilizado como el hijo preferido, y ninguno de los vivos podrá jamás competir contra un "angelito" perfecto.

Los siguientes hijos pueden optar por desempeñar el rol de chivo expiatorio, mostrando rebeldía e independencia, convirtiéndose en una amenaza, y por ello se le castiga. Otra posibilidad es que, entrenando sus capacidades de autosuficiencia, logre distanciarse convirtiéndose un hijo invisible. Son hijos que salen pronto del domicilio familiar, y lo suelen hacer de forma abrupta, casi sin avisar, o a raíz de una explosión. ("Era tan insoportable vivir en esa casa, que me fui a casa de mi ex.")

Si el chivo expiatorio empieza a tener éxito en el exterior del sistema familiar, se vuelve una amenaza mayor, y aumenta exponencial y descaradamente la hostilidad contra él. ("Tengo envidia hasta de tu perro; lo tratas mejor que a mí", le dijo una madre narcisista a su hija, que quedó atónita al percibir la extraña comparación entre una madre y una mascota).

Si uno de los hijos consigue sanar, rompe el equilibrio tóxico (la homeostasis). El sistema familiar se desestabiliza hasta el punto de que corre el riesgo de la desintegración total, así que la hostilidad de la familia y del progenitor narcisista aumenta para intentar resistirse a la extinción familiar. Obviamente, el hijo sanado se convierte en un chivo expiatorio, pero no está al alcance de la familia, de modo que el torrente de hostilidad cae en saco roto, y no hay más remedio que redistribuir los roles entre los que quedan. Habrá que buscar un nuevo chivo expiatorio, o un nuevo hijo invisible, o la familia no podrá seguir funcionando. Mientras no se invoca otro miembro de la familia a ostentar el rol de nuevo chivo expiatorio, la sintomatología narcisista se desatará con brotes narcisistas de alto voltaje.

¿Cómo se puede haber llegado hasta aquí?

El narcisismo no surge de la nada. Generalmente, el progenitor narcisista fue también víctima de una crianza disfuncional. Puede haber sido el hijo dorado de su propia familia narcisista, aprendiendo que el amor es condicional y que la valía personal depende del rendimiento y la aprobación externa. O puede haber sido el chivo expiatorio, desarrollando el narcisismo como mecanismo de defensa frente a años de rechazo y humillación.

El narcisismo es, en su núcleo, una herida de apego profunda. Una persona que nunca fue vista, amada y aceptada incondicionalmente en su infancia, y que desarrolló una "falsa self" grandiosa para protegerse del dolor de esa carencia.

La familia narcisista no nace por generación espontánea. Es consecuencia de otra familia narcisista, o de una familia con un trauma severo no integrado.

Un trauma no procesado distorsiona la autoestima. Si el adulto no recibió validación, seguridad y amor incondicional de sus padres, su self queda herido. La consecuencia es una desregulación emocional, dependencia o codependencia, y una necesidad extrema de control. Estados que se descargan en los hijos. Es decir, que el trauma se transmite porque el progenitor narcisista delega en sus hijos aquellos estados emocionales que no pudo o no supo manejar, tales como la insuficiencia, vergüenza, rabia o miedo.

Como que cada generación organiza su dinámica familiar obedeciendo a las mismas normas y valores internos que la anterior, repite su estructura interna, ya que es el único modelo que conoce. En las familias narcisistas la estructura que se hereda se sustenta en jerarquías invertidas, proyecciones, triangulaciones, silencios, secretos de familia, tabúes e idealizaciones.

Un progenitor que fue un hijo dorado reproducirá la misma dinámica en uno de sus hijos.

Un progenitor que fue chivo expiatorio puede repetir el rol siendo una víctima, o invertirlo y convertirse en agresor, si no consigue sanar.

Un progenitor que fue hijo invisible puede haber desarrollado un narcisismo psicopático, transmitiendo el patrón generacionalmente de forma amplificada.

El "mandato familiar"

Según la teoría sistémica, las familias transmiten mandatos implícitos y explícitos de generación en generación. En la familia narcisista, los mandatos más comunes son:

  • "Tú serás quien me proteja y me cuide"
  • "Tú serás quien me haga sentir orgulloso"
  • "Tú pagarás por lo que yo sufrí"
  • "Tú cargarás mi vergüenza"
  • "Tú harás lo que yo no pude hacer"
  • "Tú pagarás lo que a mí me robaron"
  • "En esta familia no se habla de los problemas."
  • "Lo que pasa en casa, se queda en casa."
  • "No te fíes de nadie fuera de la familia."
  • "Tú no sientes lo que crees que sientes."
  • "Tu valor depende de lo que consigas."

Estos mandatos actúan como programas inconscientes que los hijos interiorizan y que luego reproducen en sus propias familias, a menos que hagan un trabajo terapéutico profundo para identificarlos y cuestionarlos.

Y el niño detecta estos mandatos desde muy pequeño, y se adapta al rol que mejor preservará el vínculo paternofilial. Está obligado a desempeñar una función para la que no está preparado.

Es, en definitiva, estamos hablando de una lealtad invisible hacia los ancestros, que se transmite de generación en generación, como una herencia envenenada casi imposible de repudiar, que lleva a la familia a un funcionamiento patriarcal / matriarcal extremo, justo antes de la desintegración inevitable.

En una familia narcisista la verdad es lo más intolerable

Enric Soler

La dinámica de la familia narcisista es exactamente la misma que la dinámica del patriarcado, llevada al extremo. Cada vez hay más narcisistas, y más abusos encubiertos tras las infranqueables murallas de las familias. Cada vez hay más violencia machista, y contra la infancia.

Una vez, alguien me dijo: "Cuando tenía siete años, con toda la inocencia del mundo, y pensando que mi petición era posible hacer un cambio, le dije a mi madre: 'No quiero que seas mi mamá'. Me pegó una paliza brutal. Me dio tantos puñetazos en la cabeza, que al día siguiente todavía sentía los latidos de mi corazón dentro del cráneo. Fue horrible. Nunca lo olvidaré".

Cada vez hay más personas que piden ayuda terapéutica para liberarse de esta dinámica familiar tan tóxica.

Eso nos debería hacer pensar que el modelo patriarcal de familia ha fracasado estrepitosamente, y que nos encontramos en un momento de cambio de modelo de las dinámicas familiares.

Transmisión intergeneracional del narcisismo

La investigación en psicología familiar confirma que los patrones disfuncionales se transmiten de generación en generación si no son interrumpidos conscientemente. Los hijos de familias narcisistas tienen una mayor probabilidad de:

  • Desarrollar ellos mismos rasgos narcisistas.
  • Elegir parejas narcisistas, reproduciendo la dinámica familiar conocida.
  • Reproducir dinámicas de control y manipulación con sus propios hijos.
  • Desarrollar trastornos de personalidad del grupo B (narcisista, límite, histriónico, antisocial).

Sin embargo, la transmisión intergeneracional no es un destino inexorable. La terapia, la conciencia y el trabajo personal pueden interrumpir estos patrones.

Un estudio científico identificó la transmisión de síntomas narcisistas de madres a hijos en la adolescencia tardía, analizando dos variables clave: dominancia paternal y control maternal.

Está científicamente demostrado que las conductas parentales como el control desmedido, la manipulación encubierta, la explotación emocional, el autoritarismo y la presión por el rendimiento afectan a la identidad y el desarrollo emocional de los hijos.

Se producen graves heridas emocionales, y se generan enormes dificultades en las relaciones de apego. Se han identificado patrones de transmisión transgeneracional del narcisismo, que afecta especialmente a la autoestima del individuo. Los vínculos familiares quedan muy maltrechos.

Las dinámicas familiares narcisistas contienen estrategias de manipulación que dificultan el bienestar emocional de los miembros subyugados de la familia, generando una evolución en la que la autoestima y la autonomía se ven gravemente dañadas.

Solo se puede abortar la transmisión generacional identificando cada uno de estos patrones para aprender a implementar estrategias que permitan que los miembros de la familia puedan establecer límites saludables y protegerse de la manipulación. Sin la colaboración de toda la familia, la única forma de sanar es liberarse de las relaciones tóxicas de la familia de origen alejándose de ella.

Este es, posiblemente, uno de los retos psicoterapéuticos más difíciles de abordar, ya que contraviene las leyes naturales de pertenencia a la familia. Precisamente, la Naturaleza tiene sus mecanismos. No es casualidad que, parejas que conforman una díada narcisista extremadamente tóxica, tengan dificultades para engendrar hijos. No es casualidad que, en cierto punto de la cadena transgeneracional, la familia estalle en pedazos (habitualmente, hermanos que dejan de tener relación), a partir de los cuales se refundarán nuevas familias.

Alguna de ellas es muy probable que siga transmitiendo el patrón, pero los pedazos de familia que hayan identificado el problema, y el riesgo de transmisión, empezará a construir de un modo consciente una dinámica familiar completamente regenerada.

Compartir genes nos hace parientes,
pero no necesariamente familia

¿Qué dice la psicología sobre las familias narcisistas?

Transmisión generacional del narcisismo

La visión de la Terapia Familiar Sistémica

La orientación teórica que se centra en el estudio de las dinámicas familiares es la Terapia Familiar Sistémica, especialmente desde su prisma estructural.

Una familia es un sistema, del mismo modo que todo, en la naturaleza, está organizado en sistemas. Pertenecemos a un Sistema Solar, a un sistema económico, un sistema político, sanitario, etc., y nosotros mismos somos un conjunto de sistemas, (cardiovascular, respiratorio, sistema nervioso…) Todos los sistemas obedecen a unas leyes naturales perfectamente identificadas por las disciplinas científicas que las estudian.

Desde la perspectiva de la terapia familiar sistémica, la familia narcisista es un sistema rígido y cerrado que prioriza su propia supervivencia sobre el bienestar de sus miembros individuales.

La importancia de la homeostasis familiar

La homeostasis es la tendencia de los sistemas a mantener su equilibrio aunque ese equilibrio sea disfuncional. En la familia narcisista, todos los miembros, incluyendo las víctimas, contribuyen a mantener el sistema disfuncional porque es el único que conocen. El cambio es percibido como una amenaza existencial.

Los sistemas son conjunto de elementos que evolucionan conjuntamente, pero para poder hacerlo deben mantener un equilibrio que va cambiando de una forma armónica. Una familia no es igual cuando tiene hijos pequeños, que cuando éstos ya son adultos. Entre ambos momentos ha habido una serie de movimientos progresivos que han permitido que todos los miembros de la familia (todos los elementos del sistema), puedan evolucionar y sentirse cómodos con los cambios necesarios para esa evolución conjunta.

El reto está en evolucionar para que se den las condiciones adecuadas para el crecimiento y desarrollo saludable de los individuos que la conforman, y que esos movimientos no hagan perder el equilibrio de todo el sistema familiar. A eso le llamamos homeostasis familiar.

En el caso de la familia narcisista, el sistema familiar mantiene su equilibrio gracias a impedir que sus miembros crezcan, y sean autónomos. En este tipo de familias, el objetivo no es el crecimiento de los individuos sino la perpetuación del control del narcisista sobre los demás. Es una congelación evolutiva. Para ello se perpetra el abuso de poder, la exigencia de una obediencia ciega al narcisista y la negación de los conflictos, de modo que el equilibrio homeostático se mantiene sobrecargando emocionalmente al resto de miembros, utilizando herramientas disfuncionales como los secretos, las mentiras, las manipulaciones, la comunicación de doble vínculo (se expresa verbalmente una cosa, y con el lenguaje no verbal, la opuesta), el maquiavelismo y la psicopatía. Sí. El narcisista "de alta gama", traspasa la línea y deambula con toda su pachorra por el terreno psicopático. No es un asunto menor.

En definitiva, la familia narcisista se mantiene en equilibrio y puede seguir funcionando gracias a la adaptación de los hijos, cuando debería hacerlo gracias al bienestar emocional de todos.

La familia narcisista
funciona gracias a la adaptación de los hijos
en vez de hacerlo gracias al bienestar de todos.

La importancia de la jerarquía

En las familias sanas, la jerarquía está basada en la autoridad otorgada por consenso y el respeto mutuo. En la familia narcisista, la jerarquía está basada en el miedo, la manipulación y el abuso de poder.

Como hemos visto, los hijos tienen una función que no les corresponde: la de ser los reguladores emocionales del adulto inmaduro, y para ello sobrellevan como pueden las proyecciones de malestar emocional del este. Los hijos, por pequeños que sean, deben satisfacer a los padres. La jerarquía está invertida, y pervertida.

También son considerados como una extensión del adulto. A menudo son bautizados con el mismo nombre de sus padres, de forma que los progenitores les consideran una perpetuación de sí mismos, negándoles la posibilidad de ser personas con entidad propia. Son padres que, en vez de dar a luz, han "prestado a luz".

HaY padres que, en vez de dar a luz,han "prestado a luz".

Así pues, el sistema familiar gira en torno al "rey del sistema", el o la narcisista, y lo único que importa es su estado emocional y la validación permanente de su única razón de vivir (ostentar el poder de forma abusiva, a cualquier precio).

La importancia de los roles

Los roles en la familia narcisista son rígidos e inamovibles. Una vez asignado el rol, el sistema familiar ejerce una enorme presión para mantenerlo. Cuando un miembro intenta salir de su rol asignado, el sistema reacciona con fuerza para devolverte a tu "lugar".

Los roles no son un rasgo personal, sino un mandato familiar no consciente, pero muy evidente, hacia uno de sus miembros, para que desempeñe una determinada función para mantener su equilibrio (homeostasis) estable. La única forma de mantener el equilibrio del sistema familiar es mantener intacta la patológica arquitectura emocional del adulto narcisista. Así, toda la familia se organiza de forma inconsciente para proteger el frágil ego del narcisista.

Es como si los roles se organizaran corporativamente para que la familia no cambie, por muy disfuncional y doloroso que sea vivir en ella. A uno le tocará absorber la ansiedad familiar, a otro le tocará alimentar el ego del narcisista, otro pondrá una dosis de calma, y el rol imprescindible del chivo expiatorio, que tiene la función de pagar la factura del sufrimiento de todos.

La familia establece leyes no escritas, no explícitas, que no se dicen pero que todo el mundo conoce bien.

Si estuvieran escritas, tendrían este aspecto:

  • No le lleves la contraria al narcisista.
  • Cuida al máximo de la imagen perfecta que necesita proyectar al exterior, por muchas miserias emocionales que veas en casa.
  • Ni se te ocurra expresar emociones que el narcisista no pueda tolerar.
  • No eres persona; eres propiedad de tus padres.
  • Si hay miseria, que no se note. Es imprescindible mantener la apariencia sacrificando por completo la autenticidad.
  • Vales por lo que consigues. Debes ser perfecto para ser amado.
  • Estás obligado a triunfar para que tu progenitor narcisista pueda presumir de ti ante terceros, pero tus logros nunca serán suficientes de puertas adentro.
  • Se te amará por lo que el narcisista obtenga de ti, no por quién eres.

El narcisista SIEMPRE
compara y enfrenta a los hijos. El narcisista SIEMPRE
compara y enfrenta a los hijos.

El narcisista siempre compara y enfrenta a los hijos, y estos se ven forzados a encontrar una posición segura dentro del sistema familiar, de modo que se reparten los roles para ejercer las funciones necesarias para el funcionamiento familiar, a la vez que compiten para lograr satisfacer al progenitor narcisista.

Desarrollarse en una familia narcisista es como ir toda la vida deambulando por un campo de minas, sin otro propósito de vida que la supervivencia.

La familia narcisista vista desde la Teoría psicoanalítica

Desde la perspectiva psicoanalítica, el narcisismo patológico es una fijación en la fase narcisista del desarrollo, en la que el niño todavía no ha diferenciado completamente su yo del mundo exterior. El narcisista adulto funciona con la lógica emocional de un niño pequeño que cree que el mundo gira a su alrededor y que sus necesidades deben ser satisfechas de forma inmediata e incondicional.

Heinz Kohut, uno de los principales teóricos del narcisismo, describió cómo el narcisismo patológico surge cuando el niño no recibe la "mirada especular" adecuada de sus cuidadores: ese reconocimiento empático que le dice "eres especial y valioso tal como eres". Sin esa mirada, el niño desarrolla una herida narcisista primaria que intentará compensar durante toda su vida.

Observando a la familia narcisista desde una perspectiva psicoanalítica, se considera que los progenitores narcisistas tienen un déficit en el self, ya que en las primeras etapas de vida, el niño no superó la fase de narcisismo primario. Sin el self consolidado, se sienten personas vacías, porque tienen una fractura interna imposible de recomponer. Su autoimagen depende de la admiración y validación externa. No ha conseguido forjar una identidad autónoma consistente, y por ello depende crónicamente de la valoración positiva de los demás. Cuando tiene hijos, los utiliza como fuentes externas de validación.

Es una herencia de generaciones anteriores. Es muy probable que sus ancestros, empezando por sus propios padres, nunca prestaran atención a la nutrición emocional y la protección incondicional que merecían por el hecho de ser quienes eran: unos niños. Los progenitores narcisistas intentan esconder una vergüenza insoportable derivada de las heridas de humillación sufridas en la infancia, tras una honorable y grandiosa fachada, con completa ausencia de estructura que la sostenga.

Desde esta orientación teórica de la psicología, la función del niño es ser una prolongación del progenitor narcisista. Los hijos son considerados propiedad del padre o de la madre, convirtiéndose en un espejo en el que mirarse. Se considera al hijo como un trofeo que se puede utilizar como un objeto cualquiera: en casa se le humilla, y en el exterior, al lado de la fachada visible para todo el mundo, se presume de él.

El problema es la falta de consideración del hijo como un yo independiente. Lo engendraron para que éste estuviera a su servicio durante toda la vida, sin derecho a autonomía personal. El hijo tiene una misión trascendental para el narcisista: está condenado a ser la perpetuación del progenitor, incluso más allá de la vida de este.

Este es el resultado de una falla en la función empática parental.

La proyección como mecanismo de defensa es una pieza clave. En lugar de reconocer y procesar las propias debilidades, defectos y emociones dolorosas, el narcisista los proyecta en sus hijos, negando cualquier vulnerabilidad propia.

El narcisista idealiza a los que le sirven como fuente de validación, pero si estas se emancipan emocionalmente, las desvaloriza. El hijo idealizado debe conseguir hitos inalcanzables. La regla más importante es que los hijos siempre dependan de sus padres narcisistas para mantener su propia autoestima, creando una dinámica de abuso emocional.

Así, la familia no es otra cosa que un objeto de apoyo narcisista. Sus miembros son prolongaciones de su ser, sin poder alcanzar indentidad propia.

La familia se convierte en un juego de roles que ejercen la función de satisfacer las necesidades del narcisista. El rol principal es el del chivo expiatorio, condenado a sobrecargar con los problemas emocionales del progenitor narcisista. Será el objetivo de la ira y la frustración del narcisista. Estos roles disfuncionales se generan como una respuesta al estrés emocional que impide a la familia funcionar de forma saludable.

La expulsión del hijo que ya no cumple con la función de satisfacer la grandilocuencia narcisista será utilizada como un sacrificio emocional (el chivo expiatorio sacrificado) para restaurar el equilibrio de poder dentro del sistema familiar.

El psicoanálisis hace especial hincapié a la falta de empatía del narcisista, y en el uso instrumental que hace de sus hijos, obligándoles a internalizar sus sentimientos propios.

La trampa de la fijación narcisista: según Freud, el narcisismo es una fijación en la etapa temprana del desarrollo en la que la energía libidinal no fluye hacia los demás sino que se concentra en uno mismo. En las familias narcisistas, esta fijación se perpetúa. Las necesidades del narcisista siempre son prioritarias. Los miembros de la familia no evolucionan, y cualquier intento de autonomía será interpretado como una amenaza al control del narcisista. El peor pecado.

La familia narcisista vista desde la Teoría del apego

John Bowlby y Mary Ainsworth describieron cómo la calidad del vínculo temprano entre el niño y sus cuidadores determina en gran medida los patrones de apego que el individuo desarrollará a lo largo de su vida.

La familia narcisista es aquella en la que los hijos nunca van a conseguir un estilo de apego seguro. Si hay algo seguro, es que los niños que se han desarrollado en una familia narcisista, cuando sean adultos, se vincularán a otras personas con estilos de apego disfuncionales.

Los principales estilos de apego patológicos son los siguientes:

Apego ansioso

Los hijos criados por narcisistas frecuentemente desarrollan un apego ansioso: están constantemente buscando la aprobación y el amor del progenitor narcisista, sin nunca conseguir sentirse suficientemente amados. De adultos, esta ansiedad se traduce en relaciones marcadas por el miedo al abandono y la necesidad compulsiva de validación externa.

El menor siente miedo, pavor o incluso terror de perder la aprobación de sus progenitores. Entonces se esfuerza en complacer a unos padres imposibles de satisfacer, y así desarrolla una sensibilidad extrema al rechazo de los demás, convirtiéndose en pasto de los depredadores abusivos. Son potenciales víctimas de bullying, violencia física, psicológica, violencia machista, o cualquier otro tipo de violencia. No es que atraigan a los abusadores, sino que no saben protegerse de aquellos que se cruzan en sus vidas.

Si metemos en una coctelera el pavor al abandono, con experiencias traumáticas de abuso en la infancia, tenemos los ingredientes perfectos para que el cóctel resultante tenga sabor a Trastorno Límite de la Personalidad.

Apego evitativo

Otros hijos, especialmente aquellos que fueron sistemáticamente rechazados o ignorados, desarrollan un apego evitativo: aprenden que necesitar a otros es peligroso y doloroso, por lo que desarrollan una aparente autosuficiencia emocional que en realidad enmascara una profunda soledad.

Se construye a partir de la activación, como mecanismo de defensa, en el niño, de una desconexión emocional de los progenitores ya que estos son imposibles de satisfacer. Entonces aprende a no sentir necesidades propias y queda condenado a evitar conectar con sus vulnerabilidades. De adultos serán personas incapaces de comprometerse en sus relaciones interpersonales.

Apego desorganizado

El apego desorganizado es el más frecuente en situaciones de abuso y trauma. El niño experimenta al cuidador simultáneamente como fuente de amenaza y fuente de seguridad, lo que genera una profunda confusión y desorganización emocional. Este tipo de apego está estrechamente relacionado con el desarrollo posterior de trastornos de personalidad.

Es el estilo de apego más patológico, y es consecuencia de haber crecido bajo el control de unos progenitores narcisistas hostiles, que pueden haber traspasado la línea del narcisismo adentrándose en el terreno de la psicopatía.

Los niños que se han intentado desarrollar en este contexto tan tóxico, de pequeños, sintieron la contradicción de que quien debería haberles cuidado y protegido incondicionalmente, han sido, a la vez, quienes les han dañado profundamente en la esfera emocional con maltrato psicológico y/o físico. Es decir, unos progenitores que fueron proveedores de amor y peligro simultáneamente. Una vez son adultos, tendrán fobia a la cercanía emocional y autosabotearán sus relaciones interpersonales si en ellas empiezan a sentirse mínimamente vulnerables. Desean ser amados y al mismo tiempo temen ser amados. Serán personas impulsivas, contradictorias e incapaces de expresar sus necesidades emocionales, de modo que una relación de pareja saludable es inviable en estas condiciones.

Libro recomendado: Madres que no saben amar

Ejemplos cinematográficos de la familia narcisista por excelencia

Si queremos ver representada con extraordinaria precisión la dinámica de una familia narcisista, recomiendo la película "El precio de la verdad" (Ordinary People, Robert Redford, 1980). La madre, interpretada por Mary Tyler Moore, es un ejemplo clínico de narcisismo materno: fría, controladora, incapaz de empatizar con el sufrimiento de sus hijos, más preocupada por las apariencias que por el bienestar emocional de su familia.

La película muestra con maestría cómo la negación del dolor emocional y la obsesión por mantener las apariencias destruyen una familia desde dentro, y cómo la terapia puede ser el camino hacia la recuperación.

Otra película que retrata de forma extraordinaria la dinámica de la familia narcisista es "La casa en Llamas". Lo más interesante de esta película es que el guionista logró capturar con precisión clínica la dinámica narcisista familiar, probablemente sin ser plenamente consciente de ello. Los patrones de control emocional, la triangulación, la invalidación de los sentimientos de los hijos, y la obsesión por mantener una imagen externa perfecta mientras la familia se desmorona internamente, están presentes en cada escena. Es un ejemplo magistral de cómo la literatura y el cine pueden reflejar involuntariamente las verdades psicológicas más profundas sobre las familias disfuncionales.

Montse ha decidido organizar una estancia familiar en la casa que heredó de su "tita" Nunes en la costa Brava. En el tráiler se ve el momento en que conoce a la nueva novia de su hijo David, ya que se desplazará en su coche, y no duda en hablar a David del rosario de novias anteriores que éste ha tenido, delante de la pareja actual. Se coloca en la posición de cuidar su propia imagen como madre moderna que sigue teniendo relación con todas, e incluso identifica a una de ellas como "el amor de su vida" de David. Ella se coloca en el lugar de una madre que se relaciona bien con todo el mundo (otra auto adulación), a la vez que comunica que su hijo tiene muchas relaciones que suelen fracasar (descalificación del propio delante de una tercera implicada). Éste niega que hubiera alguna que fuera "el amor de su vida" intentando defender su relación actual, y su madre se auto victimiza diciendo sarcásticamente que ella se ha inventado que hubiera tenido ese "amor de su vida".

Montse aprovecha para visitar a su madre, ya que la vecina Dolores la avisó hace semanas de que tenía la TV con un volumen muy alto desde hacía días, y no le abría la puerta. La encuentra muerta, en el suelo. En el tráiler no se ve, pero en el filme queda claro que el cadáver lleva semanas en el suelo porque ya huele mal. No duda en seguir sus planes de fin de semana y dejar a su propia madre muerta en el suelo (empatía cero, priorización de sus planes ante valores éticos muy básicos, como el respeto a un difunto). Cuando vuelve al coche, le recrimina a su hijo David que no visite a la abuela (proyección) y le invita a subir a visitarla, sabiendo que está tendida en el suelo, sin vida (psicopatía).

Una vez en la casa de verano, que pretende vender para pagar la residencia de la abuela ya muerta, sigue con sus planes. En realidad, lo que necesita es ver la apariencia de toda la familia reunida, aunque esté destruida. Se la ve satisfecha de que también venga su exmarido, para tener esa imagen completa (prioriza sus necesidades manipulando a los demás). Discuten. El exmarido le señala que no puede vender la casa, y ella defiende que es suya, y que "la voy a vender porque me da la gana". El exesposo replica "yo no puedo hablar contigo, tú monologas". Se trata de un auténtico duelo entre narcisistas. Aunque no se ve en el tráiler, el espectador puede ver que el exmarido hipotecó la casa y la puso a su nombre para salvar su negocio. Todos creen que ella no lo sabe, pero al final se descubre que sí que lo sabía, y a pesar de ello había planificado la estancia del fin de semana para atender a posibles compradores (secretos de familia).

El padre de familia ha acudido con su actual pareja y se da una situación en la que tienen que encontrarse a la exesposa con la actual pareja, y los hijos intentan esconder a esta última, como si fuera un objeto (despersonalización, descalificación de rol).

La hija Julia conecta con emociones negativas: se siente desbordada en su rol maternal. David le dispara un bombing love a la chica que acaba de conocer (sobreactuación emocional con el objetivo de atraparla, controlarla).

Montse se queja de que "tuvo que renunciar a su felicidad para la de toda la familia". Todos están en deuda con ella por esto, aunque nadie se lo hubiera exigido (auto-victimización).

En una conversación de Montse con la novia de David, la madre da por hecho de que su relación ya ha terminado, decidiendo algo que la nueva novia todavía no se ha planteado (consideración del hijo como una propiedad suya que nadie le puede quitar).

La novia percibe el peligro de entrar en esta familia y expresa sus dudas a David, antes de un salto en paracaídas que tenían programado. Ella rompe la relación antes del salto, y él la amenaza con no abrirlo, en plena caída libre, si no le asegura de que volverá con él. "O eres mi novia, o nos matamos juntos" (manipulación emocional y abuso de poder), en un modo de hacer aprendido en la familia. David hereda el narcisismo de sus padres.

La cultura del narcisismo

El psicólogo social Christopher Lasch, en su obra clásica "La cultura del narcisismo" (1979), argumentó que el narcisismo no es solo un fenómeno individual sino una patología cultural. La sociedad occidental contemporánea, con su énfasis en la imagen, el éxito individual, la competitividad y la gratificación inmediata, crea las condiciones perfectas para el florecimiento del narcisismo, sino una epidemia social. Con esta afirmación se colocó a la altura de un Nostradamus o un George Orwell cualquiera. No podemos decir que estemos hablando de algo nuevo, sino de algo que nunca quisimos ver. Y así nos va.

Lasch planteó que la evolución social del siglo XX dio lugar a una estructura de personalidad narcisista, en la que los individuos, los grupos, familias y organizaciones tienen un concepto de sí mismos demasiado frágil. Esto conduce a una enorme dificultad para el compromiso y las relaciones duraderas (incluso la relación con las religiones), a un miedo exacerbado a envejecer, una idealización de la proyección social del individuo (fama y celebridad). Lasch propuso un regreso a la comunidad, al respeto por las experiencias históricas traumáticas, que solo cobran sentido si nos ayudan a aprender algo.

Las redes sociales han amplificado exponencialmente esta tendencia, convirtiendo la autopromoción y la búsqueda de validación externa en normas sociales. El narcisismo subclínico —por debajo del umbral del trastorno pero suficientemente presente para dañar las relaciones— se ha convertido en algo casi normativo en nuestra cultura.

Leer artículo relacionado del autor en la prensa

Acceso al artículo "La familia en llamas", publicado por el autor en El Periódico de Catalunya.

Bibliografía

  • Lasch, C. (1979). The Culture of Narcissism. W. W. Norton & Company.
  • Kohut, H. (1971). The Analysis of the Self. International Universities Press.
  • Bowlby, J. (1969). Attachment and Loss, Vol. 1: Attachment. Basic Books.
  • Olson, D.H., Sprenkle, D.H., & Russell, C.S. (1979). Circumplex model of marital and family systems. Family Process, 18(1), 3–28.
  • McBride, K. (2008). Will I Ever Be Good Enough? Healing the Daughters of Narcissistic Mothers. Free Press.
  • Forward, S. (1989). Toxic Parents. Bantam Books.

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La Familia Narcisista
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Enric Soler

Enric Soler

Psicólogo especialista en disfunciones relacionales familiares.

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