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Encuestas electorales: cuando observar influye sobre lo observado

¿Por qué una encuesta electoral puede cambiar tu voto sin que cambien tus ideas? Enric Soler desvela la psicología oculta tras el efecto bandwagon y los sesgos del voto.

Encuestas electorales: cuando observar influye sobre lo observado

Introducción

Cada vez que se publica una encuesta electoral ocurre algo que me llama la atención.

Parece que la miramos como un simple gráfico estadístico que podría darnos una orientación de la orientación política de la ciudadanía. Vemos porcentajes, estimaciones de escaños, posibilidades de coaliciones, nos fijamos en el número mínimo de escaños para obtener mayoría absoluta, y si hay mucha fragmentación de voto estimado, hacemos cálculos para intentar adivinar quién nos gobernará. También valoramos quién hizo la encuesta, si tiene intención política, y si los datos son brutos o "cocinados".

Pero se me ocurren preguntas que creo interesantes: ¿Qué sucede cuando el gráfico se hace público? ¿Cómo influye en la población, y como la reacción a esa publicación de datos influye en la siguiente encuesta?

El resultado no se queda inerte en los medios de comunicación, o en las redes sociales, sino que genera debate, y termina formando parte del contexto psicológico desde el que muchas personas interpretan la realidad política.

Y ahí es donde la cuestión deja de ser únicamente estadística, y adquiere una dimensión mental y emocional.

¿Sirven las encuestas para influir en nuestro voto?

Cuando pensamos en influenciar, nos imaginamos a alguien que nos quiere "vender la moto". Un político, un comentarista, la línea editorial de un medio de comunicación, o una campaña de propaganda. La influencia no siempre tiene el propósito de convencer. ¿O sí?

A menudo la influencia funciona mediante mecanismos muy sutiles. La mayor parte de los ciudadanos con derecho a voto acostumbran a ser indecisos. Es suficiente con recibir información que modifique la forma como percibimos la esfera política.

Por ejemplo: imaginemos una persona que tiene intención de votar a un partido minoritario. Si las encuestas empiezan a mostrar que ese partido está creciendo y podría obtener representación, es probable que reafirme su decisión. No necesariamente porque hayan cambiado sus ideas políticas, sino porque ahora tiene la percepción subjetiva de que su voto puede tener mayor valor.

También puede ocurrir lo contrario. Si los sondeos electorales indican que un partido está perdiendo fuerza, o que una posible coalición de partidos ha terminado sin un acuerdo para presentarse como candidatura única, algunas personas pueden cuestionarse una decisión que quizás ya tenían tomada de antemano para sentir que su voto no va a caer en saco roto.

O sea, que en ninguno de los dos casos expuestos hace falta que se produzca un cambio de convicciones políticas del votante. Simplemente basta con modificar sus expectativas.

El contexto incide en la decisión

Desde la psicología sabemos que los humanos raramente decidimos racionalmente. Nos resulta imprescindible simplificar la complejidad del mundo para poder movernos en él. De este modo, interpretamos señales, utilizamos referencias, y observamos lo que hacen las personas que nos rodean.

Ni somos completamente racionales, ni completamente emocionales. Somos humanos.

Así que la maraña de influencias que desatan los resultados de las encuestas es algo que evidencia nuestra sensibilidad a la razón y a la emoción, como pilares de nuestra motivación en la elección del voto.

El efecto Bandwagon (efecto arrastre)

Cuando una candidatura aparece en diversas encuestas consecutivas como una opción favorita, algunas personas pueden entenderlo como un indicio de que cuenta con un amplio respaldo social. Este fenómeno se ha relacionado con lo que la literatura científica define como el bandwagon effect. Es decir, la tendencia a apuntarse a la opción percibida como ganadora Popularmente se suele decir "apostar al caballo ganador". Hay varios estudios que han encontrado evidencia científica de este efecto en determinados procesos electorales.

Pero en otras ocasiones puede ocurrir lo contrario. Algunos votantes sienten simpatía por quien ven en desventaja en las encuestas, o quienes reaccionan movilizándose cuando perciben una amenaza para la opción política con la que se identifican.

Las personas no reaccionamos todas del mismo modo, y precisamente por ello este fenómeno resulta tan interesante.

El razonamiento motivado

Hay otro aspecto que suele pasar desapercibido: No interpretamos las encuestas desde una posición neutral. Nuestra opinión sobre una encuesta también importa.

Si nos identificamos con la opción ganadora de una encuesta electoral, obviamente, lo aceptamos con mucha facilidad. Pero... ¿Y si contradice nuestras expectativas? En este caso tenemos tendencia a examinarlo con escepticismo y más detalle.

El fenómeno Ziva Kunda

La psicología ha estudiado durante décadas el fenómeno del razonamiento motivado de Ziva Kunda, que propone que las personas podemos utilizar procesos de razonamiento sesgados para llegar a conclusiones que sean compatibles con lo que deseamos creer.

La psicología lleva décadas estudiando este fenómeno. Ziva Kunda propuso que las personas pueden utilizar procesos de razonamiento sesgados para llegar a conclusiones compatibles con aquello que desean creer.

Esta es la razón por la que una misma encuesta puede ser interpretada por unos como una prueba evidente, y otros la pueden entender como una manipulación. La información es la misma, pero cambia la forma en la que cada persona incorpora esta información en su marco de interpretación.

La mirada sistémica cambia la pregunta

Aquí es donde aparece la cuestión que más me interesa. Desde una perspectiva sistémica no observamos elementos aislados de su contexto. La mirada sistémica incorpora un contexto siempre complejo: relaciones, circuitos de influencia, y procesos de retroalimentación que se generan dentro de un sistema.

Si nos ponemos las "gafas sistémicas" para observar la encuestas electorales, la secuencia cambia por completo, y llama poderosamente la atención: 

Una encuesta se publica → Los medios la difunden → Los ciudadanos la interpretan → Algunas personas modifican sus expectativas, refuerzan sus posiciones o reconsideran sus estrategias de voto → Tiempo después se realiza una nueva encuesta → Y esa nueva medición se lleva a cabo en un contexto que ya ha sido influido por la información que circuló anteriormente → Se vuelve a hacer otra encuesta observando una nueva realidad.


Encuestas electorales: cuando observar influye sobre lo observado


De este modo nos encontramos que la medición puede convertirse en uno de los factores que participan en la evolución del fenómeno que intenta medir. Esto se repetirá de forma circular, y la dinámica del proceso se parará con la votación real.

Atención: no estoy afirmando que las encuestas determinen los resultados electorales. La realidad política es muchísimo más compleja que eso. Solamente señalo que las encuestas electorales forman parte de los múltiples factores que influyen en la elección del voto. Dicho de otro modo: la encuesta no permanece fuera del sistema que observa ya que una vez difundida pasa a formar parte de él.

¿Qué ocurre si las encuestas se contradicen?

La situación se vuelve aún más interesante cuando distintos sondeos ofrecen resultados diferentes, algo que no resulta infrecuente.

Muchas personas interpretan la contradicción de distintos sondeos como una evidencia de que alguna encuesta está equivocada, o como se dice popularmente "cocinada" con una clara intención de influir en la intención de voto.

Y eso no tiene por qué ser así, ya que puede darse el caso de que las diferencias sean a causa de la metodología de la encuesta, el momento en que se realizó, la muestra de encuestados utilizada, o modelos estadísticos distintos.

Sin embargo, desde el punto de vista psicológico, lo que menos nos interesa es cuál de ellas es la que se acercará más a los resultados reales de las elecciones. Lo que nos interesa es cómo reaccionamos los ciudadanos cuando percibimos mediciones de intención de voto discrepantes entre ellas.

Esto puede hacer que aumente la incertidumbre en algunas personas. Otras, sin embargo, se reafirmarán más a sus creencias previas. Y un tercer grupo de personas simplemente considerarán la más fiable aquella cuyos resultados encajen mejor con sus preferencias políticas.

Una vez más, la influencia no depende solamente de los datos publicados, sino también de la forma como éstos son interpretados.

¿Estamos midiendo la opinión, o participando en su construcción?

Las encuestas son herramientas extraordinariamente útiles. De hecho, siempre han sido una gran herramienta para la investigación científica en psicología. La diferencia está en que en la investigación científica, el observador no forma parte de lo observado. 

En el caso de los sondeos de estimación de voto nos permiten conocer tendencias, identificar estados de opinión, y comprender mejor determinados movimientos electorales. Justo ayer vimos que varios grupos políticos intentaron, in extremis, registrarse como una candidatura única para optimizar mejor la conversión de votos en escaños.

Así que el problema no está en utilizar los sondeos electorales. El problema aparece cuando olvidamos que la información que nos llega también forma parte de la realidad social que la encuesta pretende definir.

Esto es así porque los humanos no solamente reaccionamos ante los acontecimientos. También reaccionamos ante las interpretaciones que hacemos de ellos, ante las expectativas colectivas, y ante lo que creemos que piensa la mayoría.

Así pues, debatir solamente si una encuesta es acertada o no, me parece insuficiente. Quizás la pregunta más interesante sea otra. 

Si la percepción subjetiva que tenemos acerca de lo que piensa la mayoría puede influir en nuestra decisión individual, ¿hasta qué punto los resultados electorales reflejarán las preferencias preexistentes de cada uno, y hasta qué punto incorporarán los efectos de las expectativas se habrán ido construyendo, de forma silenciosa, durante la campaña electoral, mientras se difunden los sondeos.

Francamente, no tengo una respuesta definitiva. Pero creo que es necesario formularnos la pregunta. porque, a veces, comprender la dinámica de un sistema comienza precisamente cuando dejamos de mirar solamente lo que ocurre, y empezamos a considerar que el peso específico de nuestras propias observaciones pasan a formar parte de lo que está ocurriendo.


Enric Soler

Psicólogo especialista en disfunciones relacionales.

Bibliografía

  • Farjam, M. (2021). The bandwagon effect in an online voting experiment with real political organizations. *International Journal of Public Opinion Research, 33*(2), 412–421. https://doi.org/10.1093/ijpor/edaa026
  • Kunda, Z. (1990). The case for motivated reasoning. *Psychological Bulletin, 108*(3), 480–498. https://doi.org/10.1037/0033-2909.108.3.480
  • Lazarsfeld, P. F., Berelson, B., & Gaudet, H. (2021). *The people's choice: How the voter makes up his mind in a presidential campaign* (Columbia Classics ed.). Columbia University Press. (Trabajo original publicado en 1944)
  • Marsh, C. (1985). Back on the bandwagon: The effect of opinion polls on public opinion. *British Journal of Political Science, 15*(1), 51–74. https://doi.org/10.1017/S0007123400004063
  • McAllister, I., & Studlar, D. T. (1991). Bandwagon, underdog, or projection? Opinion polls and electoral choice in Britain, 1979–1987. *The Journal of Politics, 53*(3), 720–741. https://doi.org/10.2307/2131570

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Enric Soler

Psicólogo especialista en disfunciones relacionales familiares.

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