octubre de 2026

Día de los muertos: ¿Fantasmas o historias no resueltas?

Día de los muertos: fantasmas e historias familiares no resueltas

Seguramente el segundo día de noviembre sea el más fácil para hablar de los muertos. Entre disfraces, telarañas y folklore estamos anestesiados. Así podemos abordar una necesidad antropológica y psicológica básica: Habilitar un espacio que nos permita estar en contacto con nuestra memoria y rendir homenaje a nuestros difuntos. Así mismo podemos trabajar el duelo por todas aquellas pérdidas que hemos tenido (y principalmente que no hemos tenido).

Desde la perspectiva de la psicología transgeneracional, o también de la psicología relacional, los fantasmas no son fantasmas. Los fantasmas representan la memoria viviente de los duelos no resueltos de nuestros ancestros. Los fantasmas representan los secretos familiares. Los fantasmas representan las injusticias que no hemos reparado en nuestro linaje. Los fantasmas representan los traumas que hemos vivido en silencio y vergüenza. Los fantasmas forman parte de nuestro inconsciente familiar
Los fantasmas familiares no asustan:  ¡Gritan porque quieren ser escuchados!

Históricamente, en psicología hay dos psicoanalistas (Nicolas Abraham y Maria Török) que han propuesto los conceptos clínicos de "cripta" y "fantasma". El tema suele comenzar con un hecho trágico (por ejemplo, un suicidio) o un hecho que no ha podido ser procesado (por ejemplo, un incesto). Es decir, son traumas innombrables (ya sea porque se producen en la fase preverbal de la víctima o porque, en la época en la que ocurrieron, aún no estaba presente el concepto de autocuidado emocional -hasta hace muy poco no estaba bien visto ir al psicólogo-) 

En nuestros ancestros hay traumas que no han podido ser reparados. Estos traumas han sido enterrados en una cripta. Quienes han tenido que soportarlos llevan un ataúd en su seno psicológico.

No todo lo que llevamos en el cerebro es consciente ni racionalmente controlable (afortunadamente). Ese fantasma representa la materialización inconsciente de ese secreto que hay que guardar. Si no se repara en esta generación, pasa a la siguiente en forma de herencia emocional. Además de tener un inconsciente individual, tenemos un inconsciente familiar que va más allá de todas las generaciones de la estirpe.

No es que estemos frente a una verdad que está siendo ocultada. Estamos frente a una auténtica expresión de la verdad que está siendo ocultada. El psicosociólogo Vincent de Gaulejac lo define como un fallo de transmisión. Es muy fácil de entender. Hay un trauma que no ha podido ser integrado. Para evitar que los familiares (sobre todo los hijos) sufran, se oculta el hecho amargo. Lo que se transmite es silencio y rigidez. Nos quedamos en un purgatorio genealógico del que no podemos salir.


Lo que las palabras no dicen,
los males lo comunican,
lo repiten y lo expresan


Anne Ancelin Schützenberger
Las Lealtades Invisibles: El Libro Mayor de Cuentas
El psiquiatra Iván Boszormenyi-Nagy, desde la perspectiva de la terapia contextual, hizo una interesantísima contribución a este tema. Desde su punto de vista, las estirpes tenían un tipo de libro contable en el inconsciente familiar (que veníamos comentando) que él denomina Libro Mayor de Cuentas Familiares. En dicho libro están registrados todos los méritos, deudas morales, sacrificios e injusticias morales que se han ido acumulando en la estirpe familiar. Hay tres tipos de registros en este "libro":
Día de los muertos:
¿Fantasmas o historias no resueltas?

Boszormenyi-Nagy propone que las estirpes familiares tienen, metafóricamente, un libro en el inconsciente familiar donde se registran los agravios y las deudas. Si una generación no los resuelve, acabarán reparándose en generaciones posteriores.

La deuda filial saludable

Se trata de que el mayor deber de un hijo es recibir el regalo de la vida y ser protegido por sus padres. Esta deuda se salda siguiendo las leyes naturales (devolver la protección y el amor a la siguiente generación -sus hijos-). Cuando los padres piensan que los hijos deben pagarles a ellos, se pervierte la deuda (como ocurre en las Familias Narcisistas).

Las lealtades invisibles y la foja rotativa

Al igual que en cualquier libro de contabilidad cuando hay una injusticia sin resolver el Libro Mayor está en números rojos. El individuo mediante un sistema de "foja rotativa" (revolving ledger) traslada su sentimiento de injusticia (rabia/resentimiento) a terceros inocentes (pareja, hijos...). Es como si quisiera seguir siendo fiel a sus antepasados. Procesa emociones que no le pertenecen sobre otros que no tienen culpa alguna de lo que ocurrió. De esta forma solo consigue auto-dañarse y auto-boicotear su desarrollo personal.

Parentificación

Los padres pueden no ser capaces de sostenerse (tanto emocional como instrumentalmente). Entonces pueden exigir que uno o varios hijos sean quienes se ocupen de ello. Se invierte la estructura familiar (los hijos son los padres de sus padres) y no pueden desarrollarse naturalmente. Cuántos padres han dejado a sus hijos menores en manos del primogénito (mientras ellos no estaban presentes). ¿Qué influencia tiene este exceso de responsabilidad en el hijo o hija parentificado (a una edad inmadura)? Es una de las disfunciones familiares más graves (contraviene las leyes naturales).

El cuerpo tiene memoria
En este momento del año (momento en el que estamos más conectados con nuestros seres queridos fallecidos) es perfectamente normal que surjan emociones de tristeza o incluso manifestaciones somáticas (tensión/dolor corporal). 

Síndrome del yacente
Fue descrito por el Dr. Salomón Sellam. Se refiere al conjunto de síntomas que presenta una persona frente a un trauma grave o complejo (por ejemplo la muerte de un hijo a edad temprana). Puede ocurrir que el duelo quede congelado en tristeza (si la pareja tiene un nuevo hijo que será el "hijo sustituto" o "hijo yacente" -que sustituirá simbólicamente al fallecido-. Este hijo yacente nunca ha conocido al fallecido y muestra sintomatología que puede ser tremendamente lesiva.
Si duermes la siesta boca arriba, con los brazos cruzados sobre el pecho, es muy posible que tu cuerpo te esté diciendo que estás vinculado a traumas de un antepasado fallecido.

Enric Soler

Ejemplo clínico de hijo yacente

En mi práctica clínica, hace muchísimos años, cuando trabajaba en un Centro de Atención a las Drogodependencias, atendí a Sergio (nombre ficticio). Tenía 22 años. Consumía cualquier sustancia que encontraba, de modo que era frecuente que ingresara en urgencias en estado de coma una o dos veces al mes.

Cuando vino a consulta, le pregunté:

—¿Cuántos hermanos habéis sido?

Él me respondió:

—Solo estoy yo. Bueno, en realidad, antes de mí, mis padres tuvieron un hijo que murió al cabo de un mes de nacer, a causa de una muerte súbita.

La tarea del psicólogo consiste en formular una hipótesis terapéutica para, posteriormente, confirmarla o descartarla. La recurrencia de sus ingresos en estado de coma me hizo pensar que se trata del estado más parecido al de una persona muerta. Así pues, le pregunté cómo se llamaba su hermano y cuánto tiempo había transcurrido entre su fallecimiento y el nuevo embarazo.

Sergio me dijo:

—Dos meses después de la muerte de mi hermano, mi madre se quedó embarazada. Mi hermano también se llamaba Sergio.


Día de los muertos:
¿Fantasmas o historias no resueltas?

Tumba que Sergio visitó cada año de su vida
en la que estaba enterrado su hermano,
también llamado Sergio, al que nunca conoció.


Fem números. El primer Sergio neix i mor al cap d'un mes. Dos mesos més tard, es produeix un nou embaràs. Això suma tres mesos. Si hi afegim els nou mesos de gestació, obtenim aproximadament un any.

Sergio em va dir:

"Enric, ¿te imaginas lo que significa pasar toda la vida compitiendo contra un «angelito»? Mi hermano lo habría hecho todo mejor que yo. Habría sacado mejores notas que yo. Se habría comportado mejor que yo. Y lo peor: ¿sabes lo que es ir cada primero de noviembre al cementerio y llevar flores a una lápida donde están escritos mi nombre y mis dos apellidos?"

En aquel preciso instante, sentí un inmenso escalofrío recorrerme todo el cuerpo. Imaginé el alma, la esencia o, si se prefiere, la identidad profunda de Sergio en un cementerio, intentando atravesar la lápida de mármol para llegar al lugar donde la familia lo había condenado simbólicamente: el interior del nicho que llevaba su nombre y sus apellidos.

Además, el primero de noviembre era una fecha muy cercana a su cumpleaños. Nunca pudo celebrarlo plenamente, porque también coincidía con el aniversario de la muerte del hermano que nunca había conocido. Sergio fue leal a sus padres y a su hermano Sergio, pero estaba pagando un precio altísimo por mantener aquella lealtad.

Mi propuesta terapéutica fue directa:

"Sergio, ¿confías en mí?"

Me respondió que la terapia era el único lugar donde se sentía bien.

"Pues cámbiate el nombre por el que más te guste", le dije.

Reconozco que no imaginé que lo haría. Pero lo hizo. Se cambió legalmente el nombre y pasó a llamarse Alejo (nombre ficticio). Vino a consulta con su nuevo DNI. Era otra persona. Alejo acababa de nacer y, por fin, tenía una vida propia.

Dejó de cargar con el dolor que sus padres no habían podido elaborar: la muerte de su hijo Sergio. Aquel no era un dolor de Alejo.

Inmediatamente dejó de consumir. Su aspecto físico cambió radicalmente, para mejor. Estaba casi irreconocible. Inició una relación de pareja, consiguió un trabajo y se independizó de casa de sus padres.

Les pedí a sus padres que vinieran a verme al cabo de un par de meses. Y encontré exactamente lo que esperaba: dos padres con un trastorno depresivo de carácter severo. La tristeza saludable que deberían haber vivido veintidós años antes, correspondiente al proceso de duelo, se había transformado en una tristeza patológica.

El antiguo Sergio 2.0 ya no les daba quebraderos de cabeza y, por tanto, pudieron conectar con su propio sentir, que llegaba en forma de una factura pendiente de pago anotada en su Libro Mayor de Cuentas.

Lo más importante es que habían perdido un hijo, pero no a los dos. La cosa estuvo a punto de ocurrir, porque algunos de los estados de coma del antiguo Sergio 2.0 fueron casi irreversibles.

La hipótesis se confirmó. El consumo de drogas no era el problema, sino el intento de solucionar el auténtico problema: cargar con un peso emocional que no le correspondía. Finalmente, los padres llegaron a superar sus respectivos trastornos depresivos.

El hecho de que el cumpleaños de Alejo coincidiera, con solo unos pocos días de diferencia, con lo que habría sido el cumpleaños de Sergio me da pie a presentar otro fenómeno transgeneracional:

Síndrome del aniversario

Fue investigado clínicamente por Schützenberger y, desde una perspectiva estadística, por la Dra. Josephine Hilgard.

La hipótesis de trabajo consiste en considerar que el inconsciente familiar funciona como una especie de reloj biológico atemporal. Es como si existiera una tendencia inconsciente a cerrar tareas inacabadas en momentos cruciales, como la fecha en la que un antepasado sufrió un agravio o un trauma, o bien cuando se alcanza la edad en la que aquel antepasado vivió aquello que no pudo elaborar.

A partir de ahí, la persona entra en un período de especial vulnerabilidad que algunos autores denominan «período de fragilización» o «estrés de aniversario». Es entonces cuando pueden debutar enfermedades, crisis emocionales o incluso «accidentes» que podrían enmascarar un Suicidio no Consciente.


La neurobiología y la epigenética dicen algo parecido

La psicología relacional ya puso encima de la mesa estos fenómenos, cuando a los psicólogos se nos tildaba de "locos", sin tener en cuenta que la psicología es una disciplina tan estrictamente científica como la ingeniería aeronáutica. A pesar de que la población general nos haya puesto en la Luna antes de esperar que fueran los ingenieros aeronáuticos quienes se encargaran del estudio del universo, recientemente la neurobiología y la epigenética avala las tesis que nosotros ya defendimos desde hace décadas.

Marcadores intergeneracionales del trauma

Estudios seminales llevados a cabo por la Dra. Rachel Yehuda (Biological Psychiatry) lograron demostrar científicamente que el trauma severo altera la metilación del gen FKBP5, que es el gen encargado de regular la respuesta al más que conocido cortisol, a partir de la regulación de la recaptación de glucocorticoides. Estos cambios genéticos se transmiten epigenéticamente a los hijos no expuestos al trauma.

Plasticidad neuronal y reversibilidad

La investigación en neurobiología pone de manifiesto que la predisposición genética no es una condena insalvable. Mediante la toma de conciencia, la psicoterapia, y la modificación del entorno relacional, los niveles de metilación pueden ordenarse, confirmando que la intervención psicoterapéutica transforma la biología.


Es especialmente importante el cambio del entorno relacional, especialmente en tiempos en los que casi nadie entiende que una persona decida alejarse del contexto relacional que le hizo daño durante décadas, después de décadas de psicoterapia. Se le acusa de ghosting, de egoísta, traidor,  y mil descalificativos más. Es raramente excepcional quién entienda que cuando alguien se distancia, lo hace para protegerse y cuidarse, sin deseo, ni memoria, ni rencor por lo que deja atrás.

Podar el árbol genealógico no implica cortar las raíces ni repudiar a la familia. Podar implica retirar las ramas que se secaron, liberándose de los mandatos repetitivos, los secretos de familia tóxicos y, sobre todo, las deudas morales ajenas. De este modo, la savia del árbol de la vida, si se le puede llamar así, ya no se desperdiciará en ramas estériles. Llegar a sanar implica poder reconocer la historia de nuestros ancestros, sus dolores y sacrificios, para darles un lugar en nuestro corazón. Pero a la vez, poder ser sincero con uno mismo

Día de los muertos:
¿Fantasmas o historias no resueltas?

El árbol genealógico también se poda.


Inmunología, y alteración del eje HPA: 

Revisiones de la literatura científica recientes en Frontiers in Psychiatry aseguran que el trauma y el estrés transgeneracional modifican el funcionamiento del eje HPA (hipotálamo - hipófisis - adrenal) y la señalización inmune e inflamatoria. Esto implica que existe una evidencia biológica de que el trauma no integrado se somatiza corporalmente y también en forma de estrés de aniversario.

El sentido del rito simbólico

El 1 de noviembre, el Día de los Muertos, nos está dando la clave más valiosa: Las visitas al cementerio, las flores, las velas, fotografías, rituales religiosos, memoriales..., no son para "cargar con los muertos" sino para darles un lugar en nuestro mundo interno, para sentir que los dejamos marchar naturalmente, y dejarlos descansar en paz. o que nosotros nos sintamos en paz con su ausencia, que vendría a ser algo parecido.

En la psicoterapia del duelo, desde la perspectiva de la psicología relacional, buscamos mover la emoción dolorosa en el cuerpo hacia el recuerdo positivo y simbólico en la mente. Esto implica llegar al reconocimiento de la historia del otro, de sus dolores, sufrimientos, sacrificios y traumas. Aunque ya no esté. Pero al mismo tiempo llegar a sentir que "esa deuda no me pertenece", y por lo tanto "me autorizo a vivir mi propia vida como modo de homenajear a quién me la regaló".

Dedicat al meu pare:
Enric Soler Font (26/03/1934 - 22/05/24) D.E.P.

Bibliografia i fonts

A. Fonts de Psicología Relacional i Transgeneracional

B. Estudios Científicos y Biológicos Recientes






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Enric Soler

Enric Soler

Psicólogo especialista en disfunciones relacionales familiares.

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