¿Psicoterapia interminable?

¿Sigues dependiendo de una psicoterapia permanente? Si es así, algo no funciona. Hacer psicoterapia implica invitar al psicoterapeuta a que forme parte de tu vida durante un tiempo limitado. El cambio debe permanecer sin el terapeuta.

Te invito a leer la siguiente historia:

El testamento de Alí-Babá

Cuenta la leyenda que andaban errantes por el desierto los cuatro hijos de Alí-Babá, sumidos en la tristeza por la muerte de su padre, y sin saber cómo resolver un problema familiar: su testamento.

Alí-Babá tenía 39 camellos, y era su deseo dejar la mitad de su legado al primogénito, una cuarta parte sería para el segundo, la octava parte para el tercero, y la décima parte para el hijo menor. ¿Cómo podían hacer las cuentas con 39 camellos? Parecía imposible. Llegaron a discutir airadamente hasta cruzarse en su camino a un anciano beduino, famoso por su sabiduría, a quién decidieron consultar.

Reparto de 39 camellos
Primogénito1/2 =?
Segundo hijo1/4 =?
Tercer hijo1/8 =?
Cuarto hijo1/10 =?

Éste les prestó momentáneamente su camello, de modo que pudieron proceder a hacer las cuentas: De un total de 40 camellos, la mitad, 20, serían para el hijo mayor. Para el segundo, al que le correspondía la cuarta parte, le quedaron 10 camellos. La octava parte para el tercero, es decir 5 camellos. Y al hijo menor le correspondieron 4, que es la décima parte de 40. En total sumaban 39 camellos, de modo que le pudieron devolver el suyo al anciano beduino.

Reparto de 39 + 1 camellos
Primogénito1/2 =20
Segundo hijo1/4 =10
Tercer hijo1/8 =5
Cuarto hijo1/10 =4
Total39
Sobra1

Utilizo frecuentemente esta metáfora para ilustrar cómo debería ser cualquier relación de ayuda. En el momento que la persona o familia solicita soporte al terapeuta, éste se integra en ella durante un tiempo para posibilitar el desbloqueo de dificultades emocionales. Una vez el individuo o grupo familiar ha podido avanzar, el terapeuta debe poder separarse de la familia y dejarla marchar libremente para que pueda seguir su camino.

Hacer psicoterapia implica invitar al psicoterapeuta a que forme parte de tu vida durante un tiempo limitado, con el objetivo de conseguir un cambio que permanecerá más allá de la relación terapéutica

En referencia al soporte al duelo, para poner un ejemplo, no es infrecuente encontrar relaciones terapéuticas interminables, a veces enmascaradas en forma de cursos de formación en duelo o talleres experienciales que se encadenan consecutivamente. Por supuesto que cada ser humano elabora sus pérdidas como le resulta posible, y que en virtud de la diversidad humana no hay un tiempo establecido para hacerlo. Se trata de un proceso emocional progresivo, con altibajos, y ante todo muy doloroso. Acostumbrarse a convivir con la ausencia de alguien querido no es tarea fácil, ni rápida. Pero todo ser humano tiene derecho a construir una nueva forma de vida que integre la ausencia del ser querido sin necesidad de depender eternamente de un soporte especializado. Respecto al terapeuta, es de esperar una actitud ética y honesta  que le debe llevar a proponer, como último objetivo terapéutico, un trabajo de anticipación del duelo por la finalización de la psicoterapia.

Por ello quizás sea una buena idea que la persona o familia en duelo y el profesional de soporte dediquen un tiempo para definir los objetivos terapéuticos y esbozar una temporalización al principio de la relación asistencial, y que puedan revisar periódicamente el camino que han avanzado juntos, así como el que todavía queda por recorrer.

¿Y tú? ¿Sigues apegado a una psicoterapia perpetua?

Soy, sobre todas las cosas, un ser humano. ¡Me apasiona mi profesión! Considero a las personas como seres intrínsecamente relacionales. Creo firmemente que resulta imposible comprender al ser humano sin tener en cuenta sus relaciones. Nacemos en una familia y nos desarrollamos constantemente en interacción con los demás, y la satisfacción en estas múltiples interacciones influye de forma determinante en nuestra calidad de vida emocional; en nuestra felicidad. Me temo que como psicólogo soy un tanto peculiar. Entiendo la relación terapéutica como una relación entre dos expertos, y la base sobre la que se sustenta el cambio terapéutico. Para mí es un privilegio ser invitado por mis clientes a establecer una relación de intimidad, confianza y compromiso mutuo que implicará recorrer juntos un tramo de la teva vida.

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Enric Soler - Psicólogo colegiado 16.303

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